A. LALUZ
Esta noche el ciclo "Martes de cámara" del Sodre recibe al pianista uruguayo Bernardo Aroztegui. Será una buena oportunidad para apreciar el trabajo interpretativo de uno de los jóvenes más talentosos de nuestra música culta actual.
Su programa incluirá tres pesos pesados: la Primer partita en Si bemol mayor BWV 825 de Bach, la Sonata en Re mayor KV 576 de Mozart, y la Sonata N° 2 en Sol menor Op. 22 de Schumann.
A la diversidad de lenguajes que propone este programa, su interés histórico, se suma la calidad y exigencia particular de cada obra. Intensas, complejas, desafían a cualquier intérprete por sus planteos técnicos y por la madurez que demandan para sus abordajes.
La juventud de Bernardo Aroztegui, sin embargo, no es aquí un impedimento. En sus presentaciones (que en su mayoría no han tenido mucha cobertura mediática) se ha revelado como un músico inteligente, creativo, serio y, para gratificación de la escucha, bastante despojado del estereotipo "joven talentoso que sigue el modelo de su viejo maestro de conservatorio".
A diferencia de otros pianistas -incluso consagrados-, su interés está focalizado en lo musical antes que en los brillos y espectacularidades del instrumento. Así ha abordado piezas solistas o para conjuntos de cámara de los repertorios más diversos, desde los hitos obligados del barroco, clasicismo o del romanticismo, hasta la música contemporánea latinoamericana. Diversidad que en la formación museística de los conservatorios (entre los que hay que incluir, lamentablemente, a los espacios de formación musical universitaria) no suele cultivarse.
Tales condiciones han sido forjadas gracias a los aportes de varios maestros destacados de la región (Eduardo Alfonso, Élida Gencarelli) y también de Europa. Y han sido reconocidas en varios concursos como el de Juventudes Musicales en el año 2000 o el Concurso Ciudad de Montevideo de 2006.