Obama plantea el desarme nuclear

| El Consejo de Seguridad de la ONU debatirá esta semana sobre los caminos para desmantelar los arsenales mundiales. El Presidente fijó este tema como prioritario en su gestión. Nueve países en todo el mundo poseen la tecnología y las cabezas nucleares estratégicas Temor por Kim Jong y Ahmadinejad poca disposición al desarme de Rusia y China

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NUEVA YORK | NEWSWEEK

El próximo jueves 24, el presidente Barack Obama reunirá a 14 líderes mundiales en una sesión especial del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, en Nueva York. El tema: cómo liberar al mundo de las armas nucleares.

La cumbre es el nuevo paso del gobierno de EE.UU. en su campaña para eliminar los arsenales nucleares, una prioridad que Obama enfatizó durante la campaña electoral y anunció formalmente, en abril, en un discurso que hizo en Praga. Los intentos de EE.UU. por impedir que Irán adquiera una bomba y por quitarle las armas de entre los dedos a Corea del Norte, constituyen partes clave de esta campaña.

Estos esfuerzos tienen los mismos fundamentos: Obama ha dicho en varias oportunidades que las armas nucleares representan "la amenaza más grave a la seguridad de EE.UU.". Este argumento tiene muchos puntos a favor. Es fuertemente intuitivo, como sabe toda persona que haya visto fotos de Hiroshima o Nagasaki. También es popular. Los presidentes de EE.UU. han hecho ruido similar desde el gobierno de Dwight Eisenhower. Frenar la diseminación de armas nucleares (si no eliminarlas del todo) es uno de los pocos puntos en los que pueden coincidir Obama, Vladimir Putin, Hu Jintao y Benjamin Netanyahu. Algunos sostienen que este razonamiento puede ser equivocado.

Hay crecientes investigaciones de peso que sugieren que las armas nucleares quizás no han hecho del mundo un lugar más peligroso, como asumen Obama y la mayor parte de la gente. La bomba puede dar más seguridad. En esta era de estados al margen del Derecho Internacional, que amenazan la paz mundial y de terroristas transnacionales, la idea parece obviamente equivocada y hay políticos o quienes diseñan las políticas que están dispuestos a abordarla. Según esas investigaciones, la campaña idealista de Obama probablemente no logre avanzar mucho y no resulta claro siquiera si debe hacer el esfuerzo. Hay medidas más importantes que puede tomar EE.UU. para hacer que el mundo sea más seguro, que no deben ser ignoradas por el sueño ideal de un planeta libre de arsenales nucleares.

El argumento de quienes sostienen que las armas nucleares pueden ser agentes de la paz, así como de la destrucción, descansa en dos simples y engañosas observaciones. En primer lugar, esas armas devastadoras no han sido usadas desde 1945. En segundo lugar, nunca hubo una guerra nuclear entre dos países que las poseen. De acuerdo con lo que señala Kenneth Waltz, el principal "optimista nuclear" y profesor emérito de la Universidad de Berkeley, "ahora tenemos 64 años de experiencia después de Hiroshima. Resulta impactante y contra todo precedente histórico, que durante un período sustancial, no hubo una guerra entre estados nucleares".

Para comprender lo que ha ocurrido -y por qué posiblemente ocurra así en los próximos 64 años- es necesario comenzar por reconocer que todos los países son básicamente racionales. Sus líderes pueden ser tontos, guiarse por pequeñeces, venales y hasta perversos, pero tienen tendencia a actuar sólo cuando están seguros de que podrán salir airosos. Es el caso de la guerra: un país comenzará una pelea sólo cuando esté casi seguro de que puede lograr lo que quiere a un precio aceptable. El problema es que, históricamente, los líderes a veces hacen la apuesta errónea y subestiman a la otra parte y millones de inocentes pagan el precio.

Las armas nucleares cambian ese panorama, porque hacen que el costo de una guerra sea obvio, inevitable e inaceptable. De pronto, cuando las dos partes tienen la capacidad de convertir al otro en cenizas apretando un botón, la ecuación básica cambia. Hasta el más loco de los dictadores de poca monta es obligado a aceptar que no puede ganar una guerra con un estado nuclear y, por tanto, no vale el esfuerzo. Waltz lo expresa así: "¿Para qué pelear si no puede ganar y corre el riesgo de perder todo?"

PELIGROSOS. Pero, también están los argumentos de los pesimistas nucleares -son numerosos- quienes insisten que, por varios motivos, no se puede tomar la experiencia desde 1945 hasta ahora para abordar el futuro. El primero, es que quienes aspiran a tener armas nucleares en la actualidad están totalmente desquiciados y habría que estar fuera de la realidad para confiar en ellos si tienen una bomba. Es el caso del sibarítico Kim Jong Il, de Corea del Norte, quien nunca pierde la oportunidad de mostrar su excentricidad, o del presidente de Irán, Mahmoud Ahmadinejad, quien niega el Holocausto, promete destruir a Israel y que, de acuerdo con algunos respetados académicos, dirige un culto mesiánico de martirologio que daría la bienvenida a la destrucción nuclear. No hay manera de frenar a países pendencieros como esos.

Pero, ¿Kim Jong Il y Mahmoud Ahmadinejad asustan más y actúan de manera más alterada que Stalin y Mao? Algunos lo consideran así, pero la historia parece decir otra cosa. Cuando mandaba en la Unión Soviética, Nikita Kruschev amenazó enterrar a Washington y en 1957 Mao Tse Tung declaró que una guerra nuclear con Estados Unidos no sería tan mala aunque "muriera la mitad de la humanidad, porque todo el mundo se convertiría en socialista".

Corea del Norte e Irán apoyan al terrorismo, pero también lo hicieron la Unión Soviética y China. En lo que respecta a parecer suicidas, Michael Desch, de la Universidad de Notre Dame, señala que Stalin y Mao tienen el récord: los dos fueron responsables de la muerte de unos 20 millones de ciudadanos de sus propios países.

Sin embargo, cuando llegó el momento de tomar la decisión, sus regímenes eludieron el suicidio nuclear, como lo harían los cucos internacionales de la actualidad. Pese a todas las bravuconadas de Ahmadinejad, su poder es limitado, y el régimen de los clérigos siempre se ha mostrado racional y pragmático cuando su vida está en juego. El revolucionario Irán nunca empezó una guerra, ha hecho acuerdos internacionales y buscó la paz en su guerra con Irak (fue empezada por Saddam Hussein) cuando se dio cuenta que no podía ganar.

Mientras, Corea del Norte es un pequeño y empobrecido país dirigido por una familia, con una historia de ser invadido. Su abrumadora preocupación es sobrevivir y cada vez que se hace más belicoso, da marcha atrás pocos meses después. A mediados de agosto, le dijo a Corea del Sur y Estados Unidos que está dispuesto a volver a la mesa de negociaciones. Esos países pueden ser brutalmente opresores, pero nada sugiere que quieren morir.

TERROR. Si bien Irán y Corea del Norte pueden ser frenados, quienes tienen el enfoque pesimista sobre los temas nucleares temen que le entregarán o venderán sus juguetes mortales a los terroristas. Algunos opinan que el riesgo de un enfrentamiento con armas de destrucción masiva parece exagerado, porque los terroristas no tienen un lugar fijo. Desch explica que, ante la suposición de que Irán pueda desarrollar armas nucleares, "no tiene sentido que entregue algo que considera esencial para sobrevivir, a grupos como Hezbolá, sobre los cuales tiene control limitado. En cuanto a Al Qaeda, no comparten los mismos intereses. ¿Por qué le daría a Osama bin Laden las joyas de la corona?" Si lo hiciera, resultaría fatal, debido a que EE.UU. ha dejado claro que considerará el uso de armas de destrucción masiva por parte de terroristas como un ataque lanzado por el país que las suministró y dará una respuesta acorde.

Una amenaza mucho mayor surge porque Corea del Norte o Pakistán podrían colapsar y perder el control de sus armas. Pero, la historia ofrece un poco de confort. China logró su primera arma nuclear en 1964, dos años antes de caer en el caos demencial de la Revolución Cultural, cuando casi todas las instituciones chinas estuvieron bajo amenaza, excepto la infraestructura nuclear, que permaneció segura. "Fue casi un golpe de Estado, pero pese a la agitación, a nadie se le ocurrió que podría haber un uso nuclear no autorizado".

Las armas de la Unión Soviética también fueron mantenidas, en gran medida, seguras, con ayuda de EE.UU., cuando aquel país se disolvió a comienzos de los 90. En años recientes, Moscú ha acelerado el incremento de sus gastos en defensa (alrededor del 20% al 30% por año), utilizando parte del dinero para modernizar y proteger su arsenal.

En cuanto a Pakistán, ha tomado varias precauciones para asegurar que sus propias armas estén protegidas del caos del país, mediante complejos mecanismos de disparo que, por ejemplo, impiden un lanzamiento por radicales, y un entrenamiento especial y verificación del personal que trabaja en el sector nuclear, asegurando que no esté infiltrado por extremistas. Si el estado paquistaní colapsara en su totalidad -sería un escenario de pesadilla- la chance de una bomba nuclear del Talibán sería remota. Desch argumenta que la idea de que los terroristas "podrían usar esas armas de manera radical, subestima la dificultad de operar un arsenal nuclear moderno. Esos sistemas necesitan permanente mantenimiento y son fáciles de inutilizar. Por tanto, es absurdo pensar que los terroristas podrían poner un arma de esas características en una mochila e introducirla de contrabando en Estados Unidos a través del Río Grande".

El riesgo de una carrera armamentista -por ejemplo, con otros estados del Golfo Pérsico, que se apresuren a construir una bomba después de Irán- parece más difícil de desdeñar. Sin embargo, una vez más, la historia es instructiva. "En 64 años, hubo un máximo de 12 estados nucleares en el mundo", apunta Waltz. "Ahora, con Corea del Norte, hay nueve. Eso no es proliferación, sino diseminación a un ritmo glacial". Las armas nucleares son tan controvertidas y costosas que sólo países que las consideran absolutamente decisivas para su sobrevivencia, se toman el trabajo extremo de lograrlas. Por ello, es que Sudáfrica, Ucrania, Belarús y Kazajistán las entregaron de manera voluntaria a comienzos de los 90 y otros países como Brasil y Argentina abandonaron sus incipientes programas. Eso no garantiza que uno o más de los vecinos de Irán -como Egipto o Arabia Saudita- no procuren una bomba si Irán construye una. Pero, los riesgos de una diseminación rápida son bajos, especialmente teniendo en cuenta la reciente sugerencia de la secretaria de Estado, Hillary Clinton, de que EE.UU. abriría un paraguas nuclear sobre la región, como ya tiene sobre Corea del Sur y Japón, si Irán completa una bomba. Pero, si uno o dos estados decidieran buscar sus propias armas, ello podría no ser tan desastroso, debido a la manera en que las bombas tienden a morigerar el comportamiento.

A medida que Obama busca presionar al mundo hacia el desarme nuclear -tarea que parece destinada al fracaso- conviene tener presente que los rusos y chinos han mostrado poca inclinación a entregar sus arsenales, por varios motivos, entre los que se destaca que EE.UU. es mucho más poderoso que los dos en términos militares convencionales y esas armas son la manera que tienen de equilibrar el partido. Moscú y Beijing no se conmoverían, con excepción de un desarme unilateral de EE.UU., que no es contemplado en Washington. Aun si Rusia y China (y también Francia, Gran Bretaña, Israel, India y Pakistán) pudieran ser obligados a abandonar sus armas, persistiría el temor de que, en secreto, se rearmaran.

La campaña de EE.UU. para enlentecer el programa de armas de Irán y revertir el de Corea del Norte, probablemente no dé el resultado buscado. Los estados quieren el poder nuclear si sienten que su existencia está en peligro. El gobierno de Obama no habla más de cambio de gobierno en esos países, aunque sigue amenazando a Corea del Norte e Irán. Eso asegura que el enfrentamiento proseguirá y mientras ambos se sientan inseguros, no abandonarán su sueño nuclear.

Si se tiene en cuenta esa realidad, parecería lo más apropiado que EE.UU. enfocara su acción a hacer del mundo actual -un mundo nuclear- un lugar más seguro. Eso involucra varios pasos, muy pocos de los cuales ha mencionado el gobierno de Obama, pero que podría enfatizar en la Revisión de la Postura Nuclear, que emitirá a fines del año. La lógica de la disuasión funciona sólo si todos saben quién tiene un arsenal nuclear y, por tanto, no puede ser atacado. EE.UU. debería lograr que todos conocieran en términos generales lo que tiene cada uno, para alejar las ideas peligrosas. Asimismo, debería hacer un mayor esfuerzo para avanzar en lo que Graham Allison, de la Universidad de Harvard, llama "la técnica forense nuclear", disciplina que permitiría a los científicos detectar el origen y fabricante de cualquier artefacto nuclear que haya sido detonado en algún lugar, ya sea por un estado o terroristas.

En la inusual cumbre de la próxima semana, Obama debería promover un debate franco sobre la mejor estrategia para dar seguridad al mundo ante la existencia de estas armas. Si se tiene en cuenta lo que está en juego, es lo que no puede dejar de hacer.

La cifra

90% Del arsenal nuclear del mundo está en manos de Rusia y EE.UU., aunque es el presidente del último país el que impulsa el desarme.

El club nuclear

Nueve países en el mundo tienen armas nucleares. Entre Estados Unidos y Rusia cuentan con casi el 90% de las cabezas nucleares estratégicas. Estados Unidos es el país más transparente en cuanto a informar sobre armas nucleares, aunque en todos los casos las cifras son estimaciones. Israel nunca ha confirmado ni desmentido si posee estas armas y se sospecha que Corea del Norte ya las tiene. En cuanto a Irán, su programa nuclear es motivo de polémica internacional, debido a que hay sospechas de que podría desarrollar armas, pero sus autoridades lo niegan.

La cifra

9 Son los estados nucleares que hay en el mundo. Antes eran 12, pero algunos entregaron sus armas voluntariamente en los 90.

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