Mosqueta peligrosa

Vientos de guerra recorren Latinoamérica. Esta es la última declaración de Hugo Chávez que ha conmovido al continente, pese a ya estar acostumbrados a las periódicas bravatas del mandatario venezolano. Pero en una región donde la historia ha mostrado hasta que punto puede costar caro a sus pueblos los desquicios narcisistas de algunos de sus dirigentes, las amenazas de Chávez han hecho que hasta el más escéptico pare la oreja.

El asunto tiene un origen más simple del que se quiere buscar. Se trata de un acuerdo entre Estados Unidos y Colombia, para que el primero pueda usar siete bases militares colombianas, en el marco de su plan de apoyo a la lucha contra el narcotráfico que el gobierno de Álvaro Uribe impulsa con bastante éxito. De hecho, una ampliación de los programas que vienen llevándose a cabo desde hace años con un riguroso marco legal en Washington, que prohíbe expresamente que pueda haber más de 800 soldados, y 600 contratistas de ese país en suelo colombiano a la vez.

La noticia fue tomada con su habitual tremendismo por Chávez que, empuñando una bandera de defensa del latinoamericanismo que nadie nunca le otorgó, armó un escandalete de órdago, acompañado como siempre por sus fieles escuderos bolivarianos, que no parecen asumir lo embarazoso del papel de reparto que su mecenas petrolero les tiene asignado.

El "conflicto" hizo eclosión en la cumbre de la Unasur, este extraño organismo pergeñado por Brasil para exhibir su liderazgo regional en contraste con las cumbres iberoamericanas que patrocina España. La cita tenía lugar en Ecuador, cuyo presidente cree tener cuentas pendientes con Uribe por el ataque que aquel lanzó a través de la frontera conjunta y que se saldó con la muerte del líder de las FARC Raúl Reyes (que casualmente retozaba confiado en suelo ecuatoriano) por lo que la escena estaba puesta para el show.

Pero la cosa no pasó a mayores. Porque Uribe no se prestó a la escena, porque Lula puso paños fríos a los discursos, y porque hasta la deudora Argentina le hizo ver a Chávez que estaba pasándose de rosca. Pero el tema igualmente se está poniendo peligroso.

Esta enésima salida de tono del mandatario venezolano ocurre en momentos en que la situación interna de su país está cada vez más compleja. Caída del precio del petróleo, falta de recursos para sus proyectos faraónicos, reveses en el extranjero, y el último choque con la prensa "opositora" que lo obligó a encarcelar a una de sus más fanáticas seguidoras, parecen mostrar que Chávez no pasa por su mejor momento. Y como ocurre cada vez que algo así sucede, el presidente venezolano se lanza en una loca carrera buscando lío con quien se ponga enfrente.

Ahora bien, la situación impone algunas puntualizaciones. El tema de las bases estadounidenses en la región es muy polémico, y así como en Uruguay no se permitieron en su momento gracias al empuje del Partido Nacional, no todas las situaciones son iguales.

Colombia es un país soberano, con un gobierno democrático que cuenta con masivo apoyo popular. En tal sentido tiene derecho a tener bases militares en cualquier parte de su territorio sin pedirle permiso a nadie. Y también tiene derecho a invitar a usar esas bases a quien mejor le plazca. Sobre todo cuando durante décadas ha enfrentado una situación de violencia terrorista y del narcotráfico sangrienta, sin que ningún país "hermano" de la región haya hecho nada en serio para ayudarlo.

Entrado el siglo XXI y en tiempos de Obama, toda esta cantarina del imperialismo y la permanente amenaza de que EE.UU. quiere intervenir en la región, es algo que no se cree ni Chávez. La declaración de Evo Morales de que Washington pretende con esto frustrar los avances de la Unasur resultan casi chistosos. Si Morales tiene algún dato de en qué ha avanzado ese cuestionable nuevo organismo regional, haría bien en avisarle al resto de sus integrantes.

La polémica en Quito no se redujo a Colombia. Chávez aprovechó para quejarse de que Washington no tomaba medidas más duras para reinstalar a su último pupilo, Manuel Zelaya, en Honduras. Ahí el presidente Obama, con su habitual claridad, aprovechó para dejar en claro el grado de hipocresía del discurso chavista: "Los que dicen que Estados Unidos no ha intervenido lo suficiente en Honduras son las mismas personas que dicen que los yanquis necesitan salir de América Latina".

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