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REBAR
Hace algún tiempo, cuando el republicano Mark Stanford asumió la gobernación de Carolina del Sur, apuntó a su predecesor -el demócrata Jim Hodges- y le disparó varias acusaciones por irregularidades administrativas cometidas durante su gestión: entre ellas -y no era, ciertamente, la menor- le observó el costo excesivo de las misiones comerciales cumplidas en el transcurso de su función.
Hombre escrupuloso en el manejo de los fondos públicos, esa virtud de Stanford contribuyó a cimentar su prestigio entre la comunidad. Orgullosos estaban su esposa -Jenny- y sus hijos; en cuanto a él, aguardaba la ocasión de viajar al exterior en representación oficial para demostrar que, responsablemente, al regreso hay que dar cuenta de los gastos... y dormir tranquilo.
¡Y vaya si necesitaba dormir el gobernador!... especialmente porque por causa de una visita a Buenos Aires a fines del mes pasado, prácticamente pasó las noches en vela... más que eso aún, en Belén. Unas pinceladas de labor en entrevistas con jerarcas porteños, concertadas para horas del mediodía por el único acompañante -Ford Graham, su asesor comercial- y el resto de la jornada... ¡juego libre!... Un juego para el cual no precisaba la compañía de Graham ni tampoco de su asesoramiento, ya que no se trataba de atender asuntos comerciales sino de cuestiones de amor.
Una amante argentina -resignada a las largas ausencias de Stanford- lo tenía agendado para el jueves 25 de junio: REAPARICIÓN DE MARK; y agregado, entre paréntesis, "full time". María Belén Chapur aprontaba el pesebre para recibir al hombre de su vida... y entretenerlo con la leyenda del lucero... la Virgen María y José el carpintero... los pastores... las ovejitas... el buey... los Reyes Magos... Qué sé yo: una historia por vez... Y el gobernador que retorna a Carolina del Sur, con un montón de historias.
Pero, al llegar se encontró con que el tarro se había destapado. Ahora, hay que explicar las cuentas, sin cuentos. Mark camina al borde de la renuncia... ¿voluntaria o pedida? Está atravesando la etapa de pedir perdón a su pueblo, pero especialmente a su esposa, ante la cual lo hace llorando. Una desaparición por cinco días -sin cargo para el presupuesto familiar- nada significa frente a veinte años de felicidad conyugal. Y jura: "Si tuviera que casarme otra vez, lo haría con Jenny".
¡Qué ternura!... Cierro aquí, antes de terminar llorando yo también... de puro conmovido nomás.
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