Los tiempos están cambiando. Luego de comer en un restaurante, el grupo de amigos ya no intercambia abrazos a modo de despedida, sino una botellita de alcohol en gel con la que todos se frotan las manos. Un movimiento de cabeza alcanza para demostrarse cariño. Los besos en la mejilla pueden caer en el olvido. Incluso en el desprejuiciado mundo del espectáculo, comienzan a modificarse las reglas de convivencia. Actores y actrices ya no se besan, por miedo al contagio. Eso está ocurriendo en Argentina, pero también sucedió en México. Tanto es así, que cuando aparece en la televisión una escena fogosa, hay que pensar que fue filmada antes de tener noticias de la gripe A.
La voz de alerta "¡nada de besos!" resuena en cada encuentro en la calle, la oficina o el club, para evitar contagios de gripe porcina, en una Argentina donde hasta la mayoría de los hombres se besan en la mejilla para saludarse.
Incluso las productoras de televisión están tomando medidas para limitar los contactos labiales en las escenas amorosas de las novelas y otras audiciones que contengan efusivos momentos románticos.
"Afortunadamente los besos que me tocaban a mí ya los he dado. Tratamos de tomar los recaudos necesarios, no nos saludamos con besos entre compañeros, a menos que sea indispensable, tomamos distancia en las escenas", dijo Arnaldo André, actor de "Valientes".
El amor en los tiempos de gripe hizo cambiar los hábitos y la serie televisiva juvenil "Champs 12", en la que abundan escenas de sexo y besuqueos ardientes, está poniendo en pantalla escenas grabadas.
En algunos programas también se están tomando medidas preventivas, especialmente en aquellos que se hacen con público. En "Justo a tiempo", CQC y "Operación triunfo" ingresa la mitad del público a las tribunas, se les toma la temperatura antes de entrar y se respeta el espacio mínimo entre butacas. Julián Weich suspendió el beso, e impuso el "saludo de codo" con los participantes.
Entre amigos. "¡A darse la mano nada más, por ahora!", grita Marcelo Orio (52 años, comerciante), en un centro deportivo del porteño barrio de Palermo, cuando llegan sus compañeros para el partido de rutina después del trabajo.
Pero otro de los jugadores, Carlos Dubinis, (49, licenciado en Economía), le recuerda que a través de las manos también se transmite el virus del que se habla hasta por los codos en los medios de comunicación.
Este entusiasta grupo que se reúne por amor al fútbol y para olvidar durante dos horas las preocupaciones, comenta extrañado la cifra oficial de 100.000 contagiados con 82 muertos.
Uno que dice ser médico sostiene que el inquietante cómputo ni puede compararse con otro más grave, según el cual el promedio anual de engripados estacionales en Argentina suma 3 millones con casi 4.000 muertos.
Fuera de broma, Héctor Rodrigo (56, mecánico de ascensores), eleva el tono para criticar a "ciertos programas de TV y noticieros que alarman y crean psicosis, en lugar de informar".
En una escuela secundaria administrada por una orden religiosa católica del residencial barrio Belgrano cuentan que las profesoras de más edad prefieren evitar en estos días las expresiones demasiado cariñosas.
"Entre nosotras hay diferencias, pues las mayores no están besando y las más jóvenes sí", comenta Marcela (38 años, profesora de Historia). Sin embargo, la mayoría de las señoras, educadoras del nivel medio, admiten que para higienizarse llevan los frasquitos con el alcohol en gel que tanto cuesta conseguir últimamente.
En cafés y restaurantes se observa un nuevo comportamiento. Luego de pagar la cuenta el cliente o los clientes, sacan una botellita con gel de alcohol y frotan sus manos antes de retirarse. Es la forma de irse seguro a casa.
LA SALUD DE UNA ACTRIZ
La paranoia de la gripe A recuerda el miedo que desencadenó, sobre todo en el espectáculo, otro virus más temible, el VIH o SIDA. Para dar una idea, nada mejor que narrar lo que ocurrió en la serie Dinastía, la de mayor rating en los años 80, como consecuencia de la inquietud que produjo la presencia del virus. El actor Rock Hudson protagonizó en un episodio al amante de Cristina Carrington que representaba la actriz Linda Evans. Ambos actores filmaron una apasionada escena de amor, que transcurrió en el jardín de la mansión. En aquel momento se creía que un beso era suficiente para contagiar la enfermedad. Pocos días después se supo que Hudson estaba enfermo de SIDA y muy próximo a su final. El mundo entero se angustió por la salud de Evans. La actriz, que estaba muy preocupada, inició un juicio millonario contra la productora pero felizmente, no enfermó.