Realmente fue penosa la actitud de 90 diputados nacionales -sólo 9 se salvan- frente a la convocatoria de 24 cámaras empresariales que deseaban exponer sus críticas al proyecto de ley sobre Negociación Colectiva que está a estudio de ese Cuerpo.
Las cámaras empresariales representan al país productivo (¿suena conocido?), pagan sus impuestos (base de cualquier política económica) y generan alrededor de un millón de puestos de trabajo. Este país es inviable sin el funcionamiento de las empresas agrupadas en esas cámaras.
Sacar adelante una ley de negociación colectiva con la opinión contraria de todas las cámaras es una decisión gravísima. Hacerlo sin la delicadeza siquiera de escucharlas, es falta de respeto, torpeza y desprecio por lo que representan.