Se abre hoy la cuenta regresiva para el futuro del Partido Nacional, pero sobre todo para el futuro del país y de todos sus habitantes ya que dentro de veintiocho días los ciudadanos estarán protagonizando, a través de su participación en las elecciones internas de los partidos políticos, la primera jornada en la designación del Presidente de la República que deberá ejercer en los próximos cinco años. De acuerdo a la sabiduría con que actúen en esta oportunidad, se forjará el Uruguay en el que queremos seguir viviendo y el que vamos a dejarle a las generaciones que nos sucederán. Es fundamental, por lo tanto, que todos y cada uno asuman conciencia sobre la importancia de los veintiocho días que tienen por delante, ya que en definitiva el resultado dependerá, mucho de los Programas de acción que están promoviendo los candidatos del Partido Nacional y de los calificados equipos que los acompañan, pero tanto o más de la acción multiplicadora de cada uno de los uruguayos. Dedicando todo su esfuerzo y aplicando todo su entusiasmo en un trabajo constante y en la búsqueda de voluntades que contribuyan a construir ese Uruguay mejor, ese país democrático y plural. Algo que a lo largo de estos años pasados el Frente Amplio se ha encargado de aplastar con un ejercicio monopólico y arbitrario; una voracidad fiscal sin precedentes a través del impuesto a la renta sobre sueldos y pasividades: una seguridad ciudadana que se ha ido deteriorando de manera alarmante; una salud pública que continúa alcanzado duros momentos de crisis y la manifestación de notorios casos de deshonestidad en el manejo de los dineros públicos.
Algunas campañas políticas, en el pasado, se movieron alrededor de la frase: o todo cambia o todo sigue como está. Es oportuno rescatar ese concepto y que cada uruguayo se formule, en las cuatro semanas que quedan por delante, la misma pregunta a sus amigos, a sus vecinos, a sus familiares, a sus compañeros de trabajo, si quieren que todo siga como está.
Es indiscutible que si el análisis del pasado se realiza seria y objetivamente la respuesta será una sola y que todos terminaran rescatando del recuerdo ese desastre que ha sido la gestión del gobierno frenteamplista, tanto desde el Poder Ejecutivo como en el Poder Legislativo, donde se desaprovechó la tremenda posibilidad de disponer en forma constructiva una mayoría parlamentaria que terminó siendo sustituida por un enfrentamiento de sectores y una serie de discrepancias, producto más de una falta de coherencia para gobernar que de una identidad de acción para administrar.
A ello debe agregarse lo que ha sido la penosa gestión del mismo Partido en la Intendencia de Montevideo, tanto hacia afuera como hacia adentro; con unos vecinos castigados por la falta de higiene en las calles y una política tributaria que no se refleja en el contribuyente; donde los caballos de los carros hurgadores se mueren de viejos en las calles y no por que la Intendencia les prohiba la circulación, además de mantenerse un duro relacionamiento con los funcionarios municipales, casi permanentemente enfrentados con la autoridad, en un panorama muy similar al que padecen las poblaciones de Maldonado y Canelones.
La sobrevivencia de estos y muchos otros ejemplos que el lector podrá incorporar a la lista, así como irregularidades y cosas poco claras que se han ido sucediendo, dependerá de cada uno de los uruguayos y de la actitud militante que asuman para que no se mantengan ni se multipliquen. Cada día que pase deberá recibirse con la valoración que tiene para que no vuelvan a repetirse, asignándole a cada etapa -elecciones internas, elecciones nacionales y la segunda vuelta, si no logra evitarse-, la gravitación que tiene en la construcción de ese futuro mejor.
La elección no la ganarán los candidatos; la ganarán los ciudadanos al votar, de acuerdo a la responsabilidad que exige esta dramática hora en que les corresponderá emitir el sufragio. Hay que trabajar, pues, todos y cada uno de los días en esta cuenta regresiva que se abre, conscientes de la responsabilidad que el destino les ha asignado en la etapa histórica por la que deberán transitar.
Más que preocuparse pasivamente por quienes no se quiere que triunfen debido al desastre que significan y los riesgos que encubren hay que ocuparse de los que deben resultar vencedores por la confianza que generan y el respaldo que se merecen.