Robert Furchgott
CIENTÍFICO
Furchgott nació en Charleston, Carolina del Sur, Estados Unidos el 4 de junio de 1916.
Ya desde muy joven mostró su inclinación por las ciencias naturales. Se licenció como químico en la universidad de Carolina del Norte y obtuvo un doctorado en bioquímica en la Northwestern University en 1940.
Trabajó durante varios años en la State University de Nueva York y continuó investigando y practicando la docencia hasta sus 80 años, a pesar de que ya estaba parcialmente retirado.
Fue en el año 1978 cuando descubrió accidentalmente un elemento en las células endoteliales que relaja los vasos sanguíneos, y lo describió como el factor de relajación derivado del endotelio o EDRF.
Ocho años más tarde descubrió que el EDRF era de hecho óxido nítrico. Sus avances le valieron el Premio Nobel de medicina en 1998, y constituyeron la base para el desarrollo del fármaco sildenafil.
El científico estadounidense y premio Nobel de Medicina Robert Furchgott, cuya investigación sobre los efectos de un gas en la dilatación de los vasos sanguíneos abrió la vía a tratamientos para la impotencia como el Viagra, murió a los 92 años.
El farmacólogo murió en la ciudad de Seattle, Washington, informó su hija al diario New York Times.
La investigación conducida por Furchgott y sus colegas Louis Ignarro y Ferid Murad mostró que el óxido nítrico -conocido principalmente como un gas contaminante proveniente de cigarrillos y motores de coches- juega un papel vital en el sistema cardiovascular humano así como en la regulación de la presión y la circulación sanguíneas.
La academia sueca otorgó a los tres investigadores el Nobel de Medicina en 1998, señalando que los científicos probaron por primera vez los importantes efectos de un gas en las funciones bioquímicas del cuerpo humano.
El descubrimiento del efecto del óxido nítrico, un gas incoloro e inodoro, en la relajación de los vasos sanguíneos fue clave para que el laboratorio farmacéutico Pfizer desarrollara el sildenafil para tratar la disfunción eréctil, que salió al mercado con el nombre de Viagra.
La revolucionaria pastilla azul fue aprobada por las autoridades sanitarias estadounidenses (la FDA) en 1998 como tratamiento de la disfunción eréctil y rápidamente se volvió enormemente popular: se estima que unos 35 millones de hombres en el mundo consumen actualmente este medicamento.
uso y abuso del viagra. En Uruguay, al igual que sucede en otros países del mundo, se está observando que cada vez son más los jóvenes, e incluso los menores de edad, que están consumiendo este fármaco para su debut sexual, así como en sus primeros encuentros sexuales.
Días atrás, en una nota publicada en el suplemento "Que Pasa", el médico sexólogo compatriota Santiago Cedrés, del centro sexológico Plenus, afirmó que del total de pacientes que consultan por impotencia por causas psicológicas, todos ellos usan viagra, y que uno de cada tres se iniciaron sexualmente consumiendo un comprimido de sildenafil.
Similares conclusiones reflejaron estudios recientes realizados en Argentina, que confirmaron que tres de cada diez consumidores del fármaco son menores de edad.
sobrellevar el desempleo. El laboratorio estadounidense Pfizer anunció días atrás el lanzamiento de un programa en EE.UU., por el que los ciudadanos que hayan perdido su empleo este año y no cuenten con cobertura sanitaria recibirán medicamentos gratis, siempre que demuestren que atraviesan dificultades económicas y que hacían uso de dichos fármacos durante los tres meses anteriores a la pérdida de su empleo.
Este programa, propuesto por los propios empleados de la compañía farmacéutica y denominado "Mantain", facilitará durante un año el acceso gratuito a más de 70 medicamentos fabricados por el laboratorio, incluyendo Viagra. (basado en agencias)
Consumo en crecimiento
Once años después de la aparición del Viagra, su éxito comercial parece no haber decaído. Desde su lanzamiento en 1998, Pfizer estima que se llevan vendidas más de 1,8 billones de pastillas en más de 120 países. Hoy, se calcula que unos 35 millones de hombres en el mundo lo consumen periódicamente, lo que hace que se vendan 6 tabletas por segundo. Esas cifras, sin contar los fármacos con el mismo principio activo que han surgido posteriormente.