ROSARIO QUEIROLO
En estos días se discute el impacto que pueden tener las vacaciones de julio en la participación electoral del próximo 28 de junio.
La pregunta relevante es a quién perjudica -si es que perjudica a alguien-, que las internas coincidan con el primer fin de semana de las vacaciones estudiantiles de julio. Para responder esta pregunta, hay que tener en cuenta quiénes se van de vacaciones, a dónde se van, y cuántos son.
Los que se van de vacaciones en julio son, en su mayoría, adultos con hijos en edad escolar o estudiantes. Algunos se van fuera del país; otros viajan dentro del país o aprovechan a visitar a sus familias que viven en otro departamento. Para estos últimos, la coincidencia no es un problema. Incluso puede ser beneficiosa, ya que muchas personas no han trasladado su credencial y volver al "pago" facilita que voten.
El problema son los que se van fuera del país; esos no van a votar. Se estima que 20.000 uruguayos se irán al exterior, esta cifra como máximo supondría 10.000 electores (suponiendo que la mitad sean niños que no votan).
¿Son 10.000 votos menos para quién? Para dividir entre todos. Si bien la mayor parte de estos viajeros tienen ingresos entre medios y altos, y hay candidatos que reciben más votos en estos sectores, no se puede suponer que sean votos perdidos por algún candidato en particular.
Por último, esos supuestos 10.000 votos menos son un porcentaje minoritario en el total de votos.
En la interna de 1999, el 54% de los habilitados votaron - que eran alrededor de 1.300.000 personas-; en el 2004 votaron aún menos, 46% de los habilitados (alrededor de 1.150.000).
Si bien para esta elección, y por tener competencias reñidas en todos los partidos, se espera un porcentaje mayor de concurrencia (en abril Interconsult registró un 60% de intención de votar en las internas), esos 10.000 votos nunca serán más que un 10% del electorado distribuido entre todos los candidatos.
Es una cifra incapaz de cambiar significativamente el resultado de la elección.