HENRY SEGURA
A principios de mayo, el Solís recibió a la compañía de la notable coreógrafa brasileña Deborah Colker. El grupo llegó sin la directora que desde hace dos años está radicada en Montreal para cumplir con uno de los retos mayores de su trayectoria.
Colker es la responsable del nuevo espectáculo que el miércoles pasado estrenó el Cirque du Soleil, celebrando los 25 años de la compañía. La impronta brasileña está determinada desde el mismo título, Ovo, de la nueva propuesta.
El director artístico del Cirque, Gilles Ste-Croix es famoso por su defensa radical de la calidad, para lo cual suele asumir muchos riesgos. Fue quien le propuso a Colker la idea de que se encargara del nuevo espectáculo, a sabiendas de que ella era reconocida por haber proyectado un enorme cambio en la danza brasileña.
La dimensión de la propuesta fue determinante para que Colker decidiera mudarse hace dos años. No llegó sola a Montreal sino que lo hizo junto a otros dos colaboradores: el escenógrafo Gringo Cardia y el músico carioca Berna Ceppas. De esa manera, el sello brasileño no sólo quedaba en el título sino en toda la concepción del nuevo espectáculo.
"Mi cabeza no paró ni un minuto. Es un espectáculo muy grande y yo me levanto a media noche con ese circo girando en mis sueños, con esos movimientos ganando espacio hasta en las paredes de mi cuarto", confesaba Colker al diario O Globo. Ni siquiera su talento estaba a resguardo de los cambios que Gilles Ste-Croix suele exigir hasta el día antes de un estreno. A Colker, primera mujer que dirige al Cirque, le tocó introducir un número entero de baile y acrobacia en la semana previa a la presentación de Ovo.
Pero teniendo en cuenta la reacción de los críticos canadienses, la tensión tiene que haber cesado para la coreógrafa. La prensa sostiene que las imágenes del show son verdaderamente impresionantes, con bosques de insectos, flores gigantes, telas elásticas y una cantidad de personajes que se mueven al ritmo de samba, forró, funk carioca, baiao y carimbó. Para la platea el espectáculo es también una invitación a bailar.
"Graciosamente colorido y poético" lo definió Le Journal de Montreal. "Generalmente repugnante, el mundo de los insectos nunca apareció tan deslumbrante y poético como en Ovo, la última producción del Cirque du Soleil, que se traduce en una gran fiesta en conmemoración del cumpleaños 25 de la troupe de Quebec", agrega. La crítica Dany Bouchard sigue diciendo: "Antes de que el espectáculo comience, apicultores munidos de pinzas y lentes de aumento divierten a la platea. El tono de la noche está dado. La trama de Ovo es bastante simple: es la historia de amor de una San Antonio con un extraño insecto, tan insolente que es casi grosero, en un universo sacudido por la aparición de un extraño huevo".
Un lugar común para los elogios ha sido el vestuario que reproduce la diversidad de texturas que puede encontrarse en ese micromundo animal. La crítica del Montreal Gazette sostiene que parece una cruza entre Disney y Fellini. La misma publicación subraya el logro que el músico Ceppas consigue al integrar sonidos de animales o haciendo que la Quinta Sinfonía de Beethoven choque con La cucaracha.
El trabajo tan riguroso fue determinante incluso para que la cantante canadiense Marie Claude Marchand fuera capaz de engañar con el acento carioca que practicó a los pocos brasileños que estaban en la platea de espectadores, según O Globo. Ella es la cara más visible de un grupo musical integrado por cuatro brasileños.
53 artistas de 13 países son los encargados de llevar a la práctica las ideas de Deborah Colker. Por eso mismo, desde un primer momento dispusieron la asistencia de traductores, medida básica para ordenar semejante torre de Babel.