LONDRES THE ECONOMIST
Se dice que ningún plan de batalla sobrevive al contacto con el enemigo. Esto es cierto si se piensa en el plan trazado durante los últimos años para combatir una pandemia de gripe.
Los generales de la salud global partieron de la base de que el enemigo sería la gripe aviar, que probablemente sería pasada de gallinas a humanos y golpearía primero en el sur de China o el sudeste de Asia. Pero, la gripe empezó, por sorpresa, en un cerdo desconocido, en México y no en Asia.
El mundo no ha tenido una pandemia (una epidemia global) de gripe desde 1968. Cuatro décadas son tiempo suficiente para olvidar que una cosa es peligrosa y la gente no lo hubiera olvidado si no hubiese tenido que pasar los últimos diez años pensando en la posibilidad de que una forma de gripe aviar que surgió de Hong Kong, en 1997, podría estar a una mutación de distancia de convertirse en mundial.
La gripe estacional viene y se va -por ejemplo, habitualmente afecta al 20% de la población de Estados Unidos- y el virus tiene leve evolución entre un invierno y el siguiente. Pero, en ocasiones, surge un verdadero nuevo virus de la gripe, ante el cual pocos humanos tienen inmunidad. A la ola global de infecciones resultante se la llama pandemia. Los seres humanos debieron enfrentarse a pandemias durante siglos y posiblemente milenios.
El mundo ya sufre de pandemias del Sida, tuberculosis y malaria. Lo que diferencia a la gripe es que es muy fácil de contagiar. La gripe estacional es una de las diez causas principales de muerte en Estados Unidos, en tanto sus consecuencias mortales son aún más altas en los países en vías de desarrollo.
Los virus de la gripe son asombrosamente mutantes. Su composición genética, con frecuencia, cambia por error cuando las células que infectan producen nuevas partículas de virus. Además, si un animal o un humano es infectado por más de una cepa al mismo tiempo, esas cepas pueden intercambiar los genes. La mayoría de las nuevas formas serán fracasos en evolución, pero ocasionalmente una prosperará y, debido a que es tan nueva, el sistema inmunológico de quien la recibe no estará preparado. El resultado es un virus que podría provocar una pandemia. Eso parece haber ocurrido esta vez con el virus A (H1N1).
La humanidad ha estado preocupada por una nueva pandemia de gripe por un motivo que tiene 90 años. En 1918 y 1919, al final de la Primera Guerra Mundial, una pandemia conocida como "Gripe Española" (pese a que no comenzó en España) mató entre 40 millones y 100 millones de personas.
Otras pandemias en 1889, 1957 y 1968, fueron más leves. Pero, hasta la más reciente cobró un millón de vidas. Un estudio publicado en Lancet, en 2006, utilizando datos de la gripe española, pronosticó que una pandemia moderna de similar virulencia mataría a 62 millones de personas. El 96% de las muertes ocurriría en países de ingresos bajos y medios. Otro estudio, realizado por el Banco Mundial, estimó que una pandemia causaría 70 millones de muertos. En tanto, la Organización Mundial de la Salud (OMS), comunicó esta semana que una pandemia podría afectar al tercio de los habitantes de la tierra: 2.000 millones de personas. De todos modos, aunque el nuevo virus fuera tan virulento como el de la gripe española -o peor-, hay motivo suficiente para pensar que no puede causar tantas muertes, ya que es susceptible a ciertos medicamentos, incluyendo Tamiflu, que no existían en 1918. Pero, esa es una buena noticia con limitaciones. Existe poca esperanza de tener suficientes tratamientos para todos los que los necesitarían si estallara una pandemia. Además, si esto sucediera, solo sería cuestión de tiempo antes de que surgiera una mutación del virus resistente a los medicamentos.
Esa perspectiva plantea un interrogante: ¿Cómo deben prepararse los gobiernos? Existen crecientes pruebas de que las pandemias pueden tener un costo económico enorme, tanto en países individuales como en el mundo en su totalidad. Gracias a la insistencia de la OMS y a las lecciones aprendidas del SARS y la gripe aviar, los gobiernos han fortalecido los sistemas de vigilancia de enfermedades, mejorado los canales de comunicación entre sus Ministerios de Salud y coordinado sus stocks de medicamentos.
NECESIDAD. Sin embargo, todo esto no puede eliminar el motivo por el cual surge una pandemia, que es que el sistema inmunológico de la mayoría de las personas no está armado contra los nuevos virus. Por tanto, es hora de trabajar en el desarrollo de una vacuna. La limitación es que la capacidad mundial para crear una vacuna contra una pandemia se basa en las pequeñas cantidades necesarias para combatir la gripe estacional. El enfoque intensivo en capital aplicado para producir vacunas contra la gripe (un proceso arcaico que usa huevos de gallina como incubadoras) es costoso, lento y no tiene facilidad de ampliación para nuevas variaciones de virus.
Se necesitarán más vacunas que tengan mayor eficacia. Por ejemplo, algunos grandes productores de vacunas fortalecen el enfoque convencional mediante el uso de adyuvantes. Estos son catalizadores que se agregan a las vacunas para potenciar el efecto principal, mejorar la eficacia y reducir la cantidad de ingredientes activos necesarios. El gigante farmacéutico suizo, Novartis, reveló hace pocos días los resultados de sus investigaciones sobre vacunas basadas en adyuvantes contra la gripe aviar H5N1. Las investigaciones sugieren que su producto puede ofrecer protección durante seis años, aun contra cepas del virus anteriormente desconocidas.
AVANCES. Sin embargo, Peter Dunnil, experto en ingeniería bioquímica en la University College de Londres, sostiene que aun bajo los cálculos más optimistas, y tomando en cuenta los adyuvantes, la capacidad global actual de producir vacunas puede cubrir a menos del 10% de la población mundial. Además, solo nueve países -la mayoría en Europa- tienen suficiente capacidad para abastecer sus propias poblaciones. Ni siquiera Estados Unidos es autosuficiente. Durante el último brote de gripe porcina, en 1976, el gobierno prohibió la exportación de vacunas. Podría volver a ocurrir si estalla el pánico.
Es posible que una nueva tecnología llegue al rescate de la humanidad. Gregory Poland de la cadena de hospitales Mayo Clinic, de Estados Unidos, argumenta que gracias al SARS, la gripe aviar y el temor sobre el bioterrorismo, se ha avanzado en nuevas técnicas de incubación y producción. Un ejemplo son las vacunas basadas en ADN, que se hacen en cultivos de células y no son incubadas lentamente en huevos. La empresa de biotecnología estadounidense, Vical, ha mostrado en las primeras pruebas que su vacuna de ADN para potenciales pandemias de gripe, como son las cepas de H5N1, es segura y eficaz, y afirma que la tecnología puede ser ampliada con facilidad.
Novavax, otra firma estadounidense, también ha tenido resultados prometedores utilizando "partículas similares a virus" (hechas de proteínas virales no infecciosas purgadas de material genético). El jefe ejecutivo de Novavax, Rahul Singhvi, dice que estas "fábricas portátiles" cuestan la quinta parte que las plantas convencionales y pueden producir millones de dosis en un período de 10 o 12 semanas.
Ante la aparición del virus A (H1N1), si fuera la gran pandemia letal, el mundo se lamentaría por no estar preparado del todo. Pero, no debe olvidar lo que se hizo en los últimos cinco años. Además de los stocks globales de medicamentos contra los virus, de equipamiento médico y de recursos financieros, muchos países y hasta empresas desarrollaron planes para el estallido de una pandemia. Esos planes también serían útiles ante la eventualidad de un ataque bioterrorista.
Las cifras
96% Es el porcentaje de muertes que habría en países de ingresos medios y bajos en caso de que se desarrolle una pandemia.
2.000: Es el número de personas que pueden ser afectadas en caso de pandemia según la OMS. Equivale a un tercio del planeta.
Epidemia global es una amenaza para la economía
The Economist | El temor provocado por la gripe aviar desde 1977 y el síndrome respiratorio agudo SARS, en 2003, impulsaron las investigaciones sobre los costos económicos de las pandemias. Los estudios pintan una imagen lóbrega de lo que la gripe porcina significaría para la economía. Por ejemplo, los economistas del Banco Mundial estimaron en 2008 que una pandemia con tasas de mortalidad similares a los de la gripe española -40 millones de víctimas- podría significar una caída del PIB global de 4,8%.
Si bien ese tipo de investigación puede ayudar a identificar los efectos económicos de la gripe porcina, la recesión global significa que algunos de los mecanismos que describe ya están funcionando. La recesión implica, quizás de manera contraria a la intuición, que el efecto económico creciente de una pandemia podría ser menos dramático de lo que sería en tiempos normales. Los economistas argumentan que una pandemia afectaría tanto la demanda global como la oferta global, pero que la primera es especialmente vulnerable a la incertidumbre y temor que rodean hasta la posibilidad de una enfermedad extendida. Ello provocaría la caída del gasto de consumo y que las empresas frenaran sus planes de inversión.
La experiencia de Asia con el SARS es una guía. El estallido causó una aguda caída del consumo privado en las economías que afectó. La gente evitó salir, como ocurrió hasta hace pocos días en México. El 29 de abril, el presidente mexicano, Felipe Calderón, anunció la suspensión nacional de actividades que no fueran esenciales del 1° al 5 de mayo. La cancelación de competencias deportivas y conciertos, el cierre temporario de bares y discotecas y la inclinación de las personas a permanecer en sus hogares, le costó a los sectores minorista y de servicios de Ciudad de México US$ 55 millones diarios a partir del 24 de abril, cuando se cerraron los centros de enseñanza. Esa suma se duplicó a partir del cierre de los restaurantes.
Resulta difícil calcular los costos mundiales de las internaciones y muertes en caso de una pandemia, debido a la ausencia de información sobre los costos médicos de cada país. Sin embargo, Martin Meltzer, Nancy Cox y Keiji Fukuda, quien es subdirector de la OMS, hicieron las cuentas para el caso de Estados Unidos, en 1999. Descubrieron que una pandemia que hubiera afectado entre 15% y 35% de la población hubiese tenido un costo de entre US$ 71.300 millones y US$ 166.500 millones (en dólares de 1999). El grueso de ese monto surgiría de la pérdida de todo lo que hubieran producido esas mismas personas que se enfermaron o murieron.
En 2006, Warwick McKibbin y Alexandra Siroenko descubrieron en un estudio realizado para el Instituto Lowy de Política Internacional de Sydney, que aún una pandemia leve podría reducir el PIB mundial en 0,8%. La peor posibilidad que consideraron, tendría una estremecedora caída económica del 12,6%. Admiten que una pandemia similar a la que comenzó en 1918, reduciría el crecimiento de la economía de EE.UU. en 3% y de Japón en 8,3%. Cifras comparables surgen de un estudio realizado por economistas de la Oficina Presupuestal del Congreso de Estados Unidos, quienes revelaron que una pandemia reduciría el PIB de Estados Unidos en cinco puntos.
La gripe de cerdo voladora sería letal
NUEVA YORK | Las epidemias potenciales que preocupan más a los epidemiólogos y expertos en salud pública, se dividen en tres categorías principales: enfermedades que ya fueron descubiertas en animales y que mutaron para causar una infección en humanos (enfermedad de la vaca loca, gripe aviar), males que se extienden más allá de su país de origen como consecuencia de la globalización (virus del Nilo Occidental, SARS) y enfermedades resistentes a los medicamentos que existen (MRSA, tuberculosis).
¿Realmente es posible que llegue una pandemia potencialmente devastadora? "La respuesta es: sí. Hay unos 1.500 microbios que infectan a los seres humanos. Durante los últimos 15 años vimos muchos… que eran nuevos en términos de alcance geográfico o nuevos para los humanos", señala el Dr. David Weber, miembro del grupo de trabajo sobre la gripe, en el Centro de Control de Enfermedades, de Estados Unidos.
El actual virus A (H1N1) podría ser el precursor de alguna futura enfermedad que combine todos los componentes potencialmente mortíferos. Podría pensarse en él como gripe de cerdo voladora. Lo que se llama gripe aviar, que es el virus que golpeó en Asia en 2003, es increíblemente mortífero, aunque no muy contagioso. La mayoría de las personas que mató habían tenido contacto directo con animales. El virus A (H1N1) se extiende con rapidez, pero en algunos casos deja a la mayoría de las personas afectadas sufriendo con fiebre y tos durante pocos días. Un nuevo virus que sea una combinación de los dos -letal como la gripe aviar y de circulación rápida como el A (H1N1)- podría tener consecuencias devastadoras.
Debido a que los virus mutan con tanta rapidez y frecuencia, hay muchas maneras por las que podría crearse una supergripe. Una versión de la gripe aviar podría mutar por su cuenta para crear una versión más transmisible. Un cerdo podría contraer la gripe aviar al mismo tiempo que tiene la gripe humana. "Una persona podría tener la gripe aviar y la gripe estacional al mismo tiempo", señala el Dr. Robert Kim-Farley, director de prevención y control de enfermedades transmisibles, en el Departamento de Salud del Condado de Los Angeles.
Los virus de origen animal pasan a los humanos con mayor facilidad en lugares donde los cerdos, las aves y las personas se encuentran en ambientes cercanos. Debido a las facilidades de los viajes y el comercio globalizados, un nuevo virus puede extenderse con rapidez en áreas industrializadas. NEWSWEEK