Estamos ante los primeros cien días del gobierno del presidente Barack Obama. En su balance ante la prensa afirmó que se "ha empezado a reconstruir América" y añadió que las transformaciones más importantes están por llegar "en los meses próximos". Aludió a todo ello como "los pilares" de la revolución que prometió durante su campaña electoral. Y ante las críticas que le llegan desde ciertos sectores, dijo claramente: "estamos haciendo lo que dijimos que haríamos".
Obama asumió como presidente en momentos que su país y gran parte del mundo se ven sumidos en una muy seria crisis económica. Esto le plantea un enorme desafío. Por otro lado, cuenta con un activo importante: según sondeos recientes, más del 60% de sus compatriotas lo aprueban.
Desde Uruguay, al igual que desde otras muchas naciones que simpatizan con la gran democracia del norte, esa gran democracia que inspiró a figuras notables como nuestro prócer José Artigas, somos testigos esperanzados de lo que Obama pueda realizar.
En sus primeros pasos, tuvo importantes desengaños, co-mo el que derivó de su credulidad ante las promesas del dictador cubano Raúl Castro. Tuvo también quizás excesos de gestos amistosos ante quienes no los merecían, como el tan frecuentemente insultante presidente venezolano Hugo Chávez. Pero estos son tropiezos comprensibles en esas instancias gubernamentales iniciales y es de esperar que haya justipreciado los mismos.
Más allá de eso, están cuestiones de importancia esencialmente nacional, como la prometida inmediata reforma del sistema sanitario y educativo, así como otras, de importancia global, como la anunciada política energética y de medio ambiente y lo que luce más trascendente: la reconstrucción de la economía.
Obama ha invitado a sus compatriotas a sentar "nuevas bases" para el crecimiento. Bases que refuercen la economía y ayuden a competir en el siglo actual. Esto evoca los tiempos del presidente Franklin Delano Roosevelt, cuando luchaba por sacar a su patria de la crisis económica desatada a partir de 1929 y proclamó el "new deal". Roosevelt tuvo éxito. No otra cosa merece lograr el presidente Barack Obama.