Que Tabaré Vázquez reservara para su último acto público el anuncio de otra vuelta de tuerca en el caso Tróccoli revela cuán hondo calaron en el gobierno los errores cometidos en torno a la fallida extradición del ex marino. Tróccoli, acusado de violaciones a los derechos humanos en el período 1973-1985, será procesado penalmente por la justicia italiana "gracias al trabajo paciente de nuestra Cancillería y de nuestro embajador en Italia", según pregonó Vázquez, en esa línea de auto-elogio que signó su polémico discurso en el centro de Montevideo.
Cualquiera sea el fallo final de la justicia italiana, el caso Tróccoli seguirá siendo sinónimo de la ineficacia demostrada por el gobierno uruguayo en el curso de este proceso de alcance internacional.
Como se sabe, nuestro anterior embajador en Roma, Carlos Abín, resultó destituido porque elevó fuera de plazo el pedido de extradición a la justicia italiana al igual que su segundo en la misión diplomática, Tabaré Bocalandro.
La administración presidida por Vázquez, al parecer quedó satisfecha tras hacer rodar esas dos cabezas, sin preguntarse si el formidable papelón que se hizo ante las autoridades italianas era o no el resultado de la deficitaria conducción del asunto hecha en su conjunto por la Cancillería.
Si el caso Tróccoli era de tanta trascendencia como para que el Presidente de la República todavía siga ocupándose de él, no se entiende cómo en su momento, el ministerio de Relaciones Exteriores perdió la pista del expediente y dejó todo en manos de un embajador que decidió tomarse vacaciones por su cuenta.
En su alocución, Tabaré Vázquez alabó la actuación del sucesor de Abín, el embajador Alberto Breccia, quien estaría siguiendo de cerca el proceso contra Tróccoli.
Breccia exhibe mayor solvencia que su antecesor en Roma, aunque al mismo tiempo incurre en una falta que debe merecer una observación de la Cancillería. Se trata de su mensaje de adhesión a la candidatura de Mujica que fue leído en el acto de lanzamiento de la campaña electoral del candidato del Frente Amplio, una manifestación política que está expresamente vedada a nuestros diplomáticos.