En un ambiente enrarecido por los atentados de ETA y entre los episodios de violencia urbana organizados por grupos extremistas, los vascos acuden hoy a las urnas para votar su nuevo Parlamento en elecciones autonómicas que podrían determinar un cambio en el gobierno del país vasco.
Por primera vez, no habrá en esta jornada opción alguna para sufragar a favor de grupos políticos afines a la banda etarra puesto que la justicia española declaró ilegales a los partidos que, hasta ahora, actuaban como testaferros o brazos políticos del terrorismo.
Al igual que en otras ocasiones, mediante una asistencia masiva a los centros de votación, el pueblo vasco tiene hoy la oportunidad de demostrar su adhesión a los principios democráticos y su rechazo a un movimiento armado que ha causado centenares de muertos en atentados perpetrados en los últimos cuarenta años.
Las encuestas le dan ventaja al gobernante Partido Nacionalista Vasco, cuyo triunfo significaría la continuidad del actual "lehendakari", Juan José Ibarretxe. Sin embargo, si el PSOE y el PP alcanzaran una fuerte votación, no sería descartable un acuerdo para formar gobierno entre ambos partidos, mayoritarios en toda la península y antagonistas a nivel nacional. En ese caso, Ibarretxe sería reemplazado y una nueva era política alumbraría en el país vasco, lo que pondría coto a las tendencias independentistas.
Más allá de las especulaciones sobre el resultado, estas elecciones deberán constituirse en un espaldarazo a la democracia y un repudio a toda forma de violencia. La ETA arengó en las últimas horas a votar en blanco o a marcar los sobres con el nombre de los partidos ilegalizados, una propuesta que hallaría campo fértil en menos de un 10% del electorado, según se estima.
Aunque las encuestas señalan que la crisis económica y el desempleo son las mayores preocupaciones de la población, los atentados recientes -una bomba detonada en una sede del PSOE cerca de San Sebastián y un local del Partido Nacionalista Vasco incendiado en Bilbao- recuerdan a los vascos que la cuestión principal sigue siendo la opción entre la libertad y las amenazas de ETA.