En Uruguay, la luna de miel con el Mercosur pasó hace rato. Sin embargo, de manera casi subrepticia, hay aspectos muy preocupantes del mismo que avanzan, sin que nuestra dirigencia parezca tomar conciencia de su importancia y gravedad, como es el caso del Parlasur.
Este organismo ya nació enredado. En un bloque que surgió con fines netamente comerciales, en el que sus socios mayores se han caracterizado por no respetar las reglas básicas de un proceso de este tipo, el inicio de un camino de integración política parecía una huida hacia adelante. Pero con los cambios que se han propuesto, y que ya están por entrar en vigor, la cosa toma un cariz más que preocupante.
En un principio el Parlasur fue creado como un órgano casi simbólico. Se integró por representantes de los propios parlamentos nacionales de cada país, que no cobran un salario por su nueva función, y con una representatividad equitativa: 18 legisladores por cada miembro. Hasta ahí no había mayores problemas.
Pero Argentina y Brasil han planteado, no sin razón, que la proporcionalidad de este "parlamento" no es justa, y debaten (entre ellos claro) cómo debería ser ésta a futuro. Se habla que para 2010, fecha en que sus miembros serán elegidos por voto popular en cada país, podría llegarse a una integración que fuera 75 representantes de Brasil, 44 de Argentina, 18 para Uruguay y Paraguay, y 27 para el recién llegado Venezuela, si es que finalmente se aprueba su ingreso. Esto dejaría a Uruguay en minoría, y completamente a merced de los acuerdos que se den entre los socios mayores.
Para entender los problemas que puede traer esto, es bueno ir a la fuente. Esta idea de formar un "parlamento" regional es calcada de lo que se ha hecho en Europa. Pero tal cual suele ser nuestro habitual error, se copia un modelo supuestamente exitoso, sin el más mínimo espíritu crítico.
Hoy la UE se encuentra enfrascada en un agrio debate acerca de cómo debería ser la representatividad y el equilibrio de fuerzas entre los países a la hora de tomar las decisiones que importan, sobre todo a partir sus últimas ampliaciones. Tras el fracaso de crear una Constitución Europea, ahora se busca imponer el Tratado de Lisboa, el cual plantea la idea de que las decisiones se tomen en base a un criterio de "doble mayoría", que se alcanzaría cuando los votos favorables representen, como mínimo, el 55% de los Estados miembros y el 65% de la población.
Esta solución está lejos de lograr unanimidades. El Tratado ya ha sido rechazado por algunos países, y ha logrado el curioso detalle de que la izquierda lo califica como un maléfico instrumento neoliberal, mientras las "derechas" dicen que aplasta a los gobiernos nacionales. Días atrás, el presidente checo, Vaclav Klaus, sacudía a la Eurocámara, al comparar el nuevo sistema político que se busca implantar, con los regímenes totalitarios comunistas del siglo pasado.
Estamos hablando de que este tema genera choques en Europa, donde los países tienen una población equilibrada, y donde llevan medio siglo de una integración que nació y se fortaleció en base a un consenso económico básico, como fueron los acuerdos del acero y el carbón entre Francia y Alemania.
Y resulta que acá, donde no hay forma de que los países miembros respeten los fallos de los órganos jurisdiccionales del propio Mercosur, donde hay desequilibrios poblacionales notorios, y donde tenemos dirigencias políticas ciclotímicas y sin la más remota idea de lo que quieren para sus naciones a futuro, queremos ir más allá todavía. Es como querer correr antes de aprender a gatear.
Como ejemplo de dónde nos estamos metiendo, basta ver cuales han sido los grandes temas tratados por el Parlasur desde su creación: se ha criticado la "reactivación" de la IV flota de EE.UU., se ha calificado de "peligrosa" a la oposición boliviana, se ha exigido la liberación de unos espías cubanos presos en EE.UU., y se ha declarado al guaraní como idioma oficial del Mercosur. ¿Botnia? No, eso es para líos.
Es hora de que los políticos uruguayos despierten, y analicen seriamente si un paso de estas características es positivo para el país. Por más que en un principio todo parezca un inofensivo camino de rosas, las espinas van a aparecer, y en el fondo se estarán entregando aspectos de la soberanía nacional, para que sean decididos en Brasilia, Buenos Aires o hasta Caracas. ¿Usted dormiría tranquilo?