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Fiesta. Los productores de la gala anuncian varios cambios
NEW YORK TIMES | MICHAEL CIEPLY
El padre de Bill Condon fue detective policial en Nueva York, del tipo escrupuloso que le echaba un ojo a otros polis. Entre tanto, a su madre le encantaba el cine y llevaba a su hijo de 11 años a ver "¿Quién le teme a Virginia Woolf?"
Laurence Mark es hijo de un agente de artistas en Nueva York, quien ayudó a inspirar esos tipos del negocio del entretenimiento, espabilados en la calle, que comen productos gourmet, en Broadway Danny Rose de Woody Allen. En 1996, su madre, la cantante de clubes Marion Carter, llevaba a rastras a Mark a ver Mame, la comedia musical de teatro, cuando Condon lidiaba con Elizabeth Taylor y Richard Burton.
En alguna parte de toda esa historia están las raíces de la emisión televisiva del Oscar el próximo mes. Mark, de 59 años, es el productor, y Condon, de 53, el productor ejecutivo de la ceremonia programada para el 22 de febrero.
Son trasplantes de Hollywood criados en Nueva York, cada uno picado por el bicho del cine hace ya tiempo. Y hablar con ellos, semanas antes de la noche del Oscar, es salir con la sensación de que la decisión de Mark y Condon no es sólo de producir el espectáculo, sino también de reencontrarlo, por el bien tanto de los espectadores como de quienes han hecho de él una industria. La nostalgia por épocas más animadas del entretenimiento también tiene algo que ver con ello.
Mark está bastante seguro de que fue concebido durante un interludio romántico en un vestuario de Atlantic City. "Nací en un baúl``, dijo durante una comida también con Condon en la cafetería de Sony Pictures.
Condon, al empezar desde afuera, más o menos partió de cero para hacer una carrera cinematográfica. Trabajó poco tiempo como periodista de cine, escribió el guión de una película de suspenso y ciencia ficción llamada Extraños invasores y después, a los 26 años, dejó su huella en los círculos cinematográficos de Nueva York, al ganar "el concurso más difícil del mundo sobre trivias de cine`` en The Village Voice. Llegó al escenario del Oscar en 1999, cuando ganó por mejor adaptación por Dioses y monstruos.
Ese año, un publicista sacó del baño a Condon justo cuando se estaba anunciando el premio. Steve Martin, el presentador, lo confundió un poco retrasando el gran momento. "Y el perdedor no es``, dijo Martin abriendo el sobre.
Trabajando mientras comían, preparándose para una primera reunión esa tarde con Hugh Jackman, apenas nombrado anfitrión del Oscar, los dos estuvieron de acuerdo en que aprendieron una lección con este tipo de cosas improvisadas. "Los errores son nuestros amigos``, explicó Mark, quien no se sentiría mal al ver que su espectáculo proporcionara algunos impactos y escalofríos, intencionales o no.
Ha estado viendo una grabación de 1977, cuando se suponía que el guionista Paddy Chayefsky, que escribió Poder que mata, recibiría un Oscar póstumo para la estrella de esa película, Peter Finch. Chayefsky, quien había reñido con Finch, insistió en el escenario que Eletha, la viuda que estaba entre el público, tenía más derecho a recibirlo. Su improvisación alteró la gala. Pero funcionó emocionalmente.
"Está en la naturaleza de la televisión restringir la espontaneidad de un acto en vivo``, dijo Condon. "Las cosas están cada vez más empaquetadas de antemano``.
Mark y Condon también hablan de un enfoque común que podría exponernos al resto a al menos algunos de los sentimientos reales que comparten entre sí las personas del cine. Dan indicios de una sorpresa. Es posible que el desconcierto sorprenda a los presentadores y los televidentes por igual, si es que un impacto es lo que se requiere para que sea menos acartonada la situación.
Al escoger a Jackman como anfitrión, Mark y Condon rompieron la tradición reciente de depender de comediantes como Jon Stewart, Chris Rock y Ellen DeGeneres, todos los que hicieron monólogos llenos de chistes y trabajaron según un molde establecido por Billy Crystal cuando le tocó ser maestro de ceremonias. Aún cuando es un veterano de la pantalla, Jackman tiene un carisma considerable en el escenario, algo que ya demostró en The Boy From Oz (El chico de Oz) y, después, al ser anfitrión de los Premios Tony.
En términos prácticos, claro que gran parte de los Oscar seguirá igual. Con dos docenas de premios que presentar en pocas horas, ningún productor puede esperar que desaparezca una cierta cantidad de pesadez.
Los productores han dicho públicamente que esperan popularizar la ceremonia del Oscar de este año dándole espacio a películas que conmovieron al público, hayan recibido nominaciones o no. Eso podría incrementar el rating de la transmisión, que bajó a un nivel récord de unos 32 millones de televidentes en 2008. Casi todos los ingresos de la Academia dependen del espectáculo del Oscar, los cuales son de más de 70 millones de dólares al año. Si sigue bajando el rating, será más difícil justificar las enormes tarifas de ABC y la unidad de distribución en TV internacional de la Walt Disney Co.
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