Ruben Loza Aguerrebere
A110 años de su nacimiento, Juan José Morosoli levanta su vuelo desde el pasado y basta con leerlo para recuperar sus esencias.
Nos llegan en sus cuentos memorables, en "Los albañiles de Los Tapes", en "Hombres y mujeres", en "Vivientes", en las andanzas de "Perico" y en su novela "Muchachos", donde buscó atrapar el tiempo que se iba con una prosa tersa como cantos rodados. Y en "El viaje hacia el mar", al que nunca imaginó que sería llevado al cine.
Releer a Morosoli es como "pasar una mano por el lomo del pasado", para decirlo con palabras de Azorín. Con él nos llega un tiempo que se fue, que no conocimos, pero que a través de sus páginas de prosa desnuda, se derrama sobre nuestro espíritu. Morosoli muestra la aventura terrestre del hombre, y realiza la transfiguración estética del terruño, su Minas natal, que es la raíz de todas las vidas imaginarias que habitan en medio de ese círculo de colinas. No fue un campesino, como suele pensarse, pero logró aprehender el alma de los hombres y mujeres del campo y del borde de las pequeñas ciudades.
El Ministerio de Relaciones Exteriores ha editado recientemente un libro con relatos de Morosoli. Con el título de "Cuentos", reúne piezas clásicas, con una foto de su juventud en la portada. Un valioso paso.
Volviendo a Morosoli, digamos que un escritor es original o no lo es. Si lo es, lo es de un modo profundo y simple. Tanto, que ni él mismo lo sospecha. Morosoli lo era. Sigue siéndolo, con su fidelidad a una línea módica, ajeno a las complejas estructuras (aunque sus cuentos tienen sutil línea vertebral), logrando, como pedía André Gide, decir lo más con lo menos. Cazaba los pequeños detalles para recortarlos sobre el fondo gigante de la vida. Era un escritor de lupa, que definía lo grande por lo pequeño. No era un coleccionista de rarezas sino un coleccionista de lo cotidiano.
Una ciudad (Minas) y dos fechas (1899 y 1957) definen su universo. Viajero inmóvil (murió poco antes de visitar Suiza), se limitó a poner un espejo sobre el mundo, y, más que narrar un mundo, lo observó y describió. Buscando evocar la menuda felicidad terrestre, pintó el alma de su tiempo.
Por eso, es un clásico.
NOVEDADES EDITORIALES. Banda Oriental ha reeditado un libro invalorable: "La vida rural en el Uruguay", de Roberto J. Bouton. La obra tiene el prólogo no menos valioso del profesor Lauro Ayestarán, quien ordenó esta obra. Es una enciclopedia del mundo rural, fruto de rigurosa investigación, y, en sucesivos capítulos, aborda el medio, el hombre, la indumentaria, las armas, el caballo, la fauna, el ganado, las faenas, bailes y festejos, así como las canciones, los relatos y hasta los remedios del mundo rural. Que aquí, atrapado en su totalidad, ilustra acabadamente sobre el comportamiento de los hombres y mujeres. Una libro esencial.
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