El nuevo gabinete

Sebastián Da Silva

Hace apenas 10 días que terminó el proceso electoral y el presidente electo tiene casi todo el gabinete designado. La verdad que se movieron rápido. La utopía de un gabinete multipartidario quedó atrás y a mi juicio está bien, tenemos que tener claro que para la salud democrática tiene que existir una oposición autónoma e independiente que le respire en la nuca al poder y lo controle por cielo y tierra.

No hay grandes sorpresas; Mujica aplicó a rajatabla el "tanto tenés, tanto valés" y dividió los ministerios por estricta cuotificación partidaria, en donde los sectores colocaron políticos puros y duros. No hay especialistas en educación, masters en seguridad, laboralistas reconocidos, ni ingenieros viales; en su mayoría son profesionales de la política que han hecho de esta ocupación su modo de vida. Que quede constancia, que aquello de los más preparados para las funciones, no corrió.

Hay tres excepciones: la cartera de Economía, que va gente especializada, el nuevo Canciller que obviamente sabe del tema, y la mayor y bienvenida sorpresa fue la designación del Ing. Tabaré Aguerre en el Ministerio de Ganadería.

No conocemos al futuro ministro. Haciendo memoria lo hemos escuchado en las típicas entrevistas de Radio Rural cuando se está fijando el precio de la bolsa de arroz con los molinos, en parte porque su actividad gremial no estuvo acompañada de pirotecnia mediática como algunos de sus antecesores en la ACA. Lo empezamos a conocer ahora que existe curiosidad periodística por razones obvias.

Sinceramente su designación nos sorprendió para bien, máxime viniendo de un futuro Presidente que alguna vez habló de traer ecuatorianos para criar ovejas, o que la tierra debía ser del Estado.

Mujica nombró a un empresario agropecuario, a alguien que conoce las vicisitudes del campo y lo toma como una actividad profesional, no quedándose en el reclamo monótono de rentabilidad y descentralización. Nombró a un productor arrocero, ganadero y del Norte. Por ende el Ing. Aguerre sabe de riesgos, sabe de inversión, dado que el arroz es el cultivo que requiere más dólares por hectárea; sabe de complementación de cadenas, atrás de las chacras de arroz vienen las praderas; sabe de preservación de suelos, rotar las chacras es fundamental para el desarrollo del cultivo y la preservación del campo; está obligado a manejar el riego y, por si fuera poco, sabe de genética dado que tiene una cabaña de Angus.

Estamos frente a un ministro que no entra con anteojera ideológica, convive con productores brasileños, a muchos de los cuales seguramente le debe de estar agradecido por algún consejo sobre represas de riego, entiende perfectamente que gran parte de la evolución de nuestro campo se debe a la inversión extranjera, y apuesta al aprovechamiento de la tecnología en la agricultura, por lo que auguramos no estar más con el debate absurdo de las virtudes de las semillas transgénicas en pleno siglo 21.

Le deseamos la mayor de las suertes. Ojalá el aparato político y sindical, le den respiro.

Que la burocracia no lo ahogue, y que tenga presente siempre que el "Sistema" lo va a tratar como a cualquier otro ministro, sea político o no, y por ello vale el cumplimiento largo y la promesa corta, para no estrellarse contra la pared.

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