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Rodolfo Sienra Roosen
Quizá me equivoqué en darle al debate político una importancia excesiva. Empiezo a verlo sólo como la consecuencia de una transformación más profunda de nuestra sociedad. Iré al grano más adelante.
Dejo constancia que aunque no soy parte del sistema político, comparto lo que ha dicho alguien que sí lo integra, como el Dr. Sanguinetti, en cuanto a que, al menos hasta ahora, Mujica se ha exteriorizado en sus actos como una persona sin vocación democrática. Discrepo con los sorprendidos por ello. Hablamos de un amnistiado por delitos de sangre, que intentó tomar el poder por la violencia.
Aclarado el detalle, que no es menor, vamos a lo que pretende ser la sustancia de esta columna, que es la importancia del Frente Amplio.
El Frente Amplio es, antes que una expresión política, un fenómeno social, como los movimientos sociales a que se refirió el editorial del 27 del mes pasado ("Efectos de la crisis") comentando un artículo del filósofo Bensaid publicado en nuestro homónimo español el 2 de noviembre, que han aparecido en Europa en la década de los noventa, representando izquierdas extremas que pretenden superar -y lo han logrado en parte- a las tendencias socialdemócratas. El Frente es un movimiento poderoso, corporativo, ideológicamente heterodoxo y hasta contradictorio, y dicho sea de paso, con mucho dinero.
Salvando las diferencias, introdujo una suerte de argentinización, de peronización en nuestra sociedad, como lo señala el esclarecedor artículo del 28 de noviembre de Francisco Faig, y lo ha observado con otras palabras pero mirando el mismo ejemplo la permanente elocuencia de Carlos Maggi. Ese Frente dividió socialmente al país en dos partes -digo partes y no mitades porque aunque cuantitativamente se aproximen no siempre se ven iguales- y ello se refleja en la realidad política, que es el microcosmos del fenómeno social que la penetra. La radiografía del país que nos interesa, se tomó el 25 de octubre, no en el mano a mano de noviembre en el que jugaron factores de coyuntura para uno y otro lado.
En dónde ubicar a Mujica en esa radiografía que muestra una izquierda que paró de crecer políticamente es la gran duda. Y quien más nos hace dudar es Julio Marenales, el número uno de la "barra" de Mujica. Se informa en la prensa ("El Observador", 1º de diciembre), que este fundador de los tupamaros, que son el carozo del espacio 609, ampliamente mayoritario en la coalición, en los festejos expresó no entender la euforia. "Para mí - dijo- no hay nada especial en que los tupamaros lleguen al gobierno, porque es llegar en un marco de poder real que no tenemos nosotros". Es que a su criterio, "en una sociedad capitalista, con el poder en otro lado", nada puede cambiar un Presidente tupamaro. Para Marenales los que tienen el poder real son los generales y los bancos, y no le será fácil cumplir a Mujica su compromiso con los pobres. La visión -preocupante- es equivocada, porque el Frente no cultiva la cultura del "pobrismo": bastaron los numerosos autos de lujo de las caravanas para comprobarlo. La fractura social no enfrenta a pobres con ricos. Es mucho más profunda y compleja.
Por ahora, vamos a quedarnos con los mensajes conciliatorios del primer momento.
Por lo menos para no desentonar.
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