Ruben Loza Aguerrebere
La derrota de los totalitarismos políticos no excluye la peligrosa victoria de "un totalitarismo blando y coloidal", que lo que busca es que la gente crea en las "nuevas" soluciones que ofrecen los gobernantes para cada momento. Esto es un artificio de los "déspotas de bolsillo", como diría Popper. Los totalitarismos ya no creen en las ideologías fuertes y han cambiado la estrategia: buscan llevar adelante "gelatinosas ideologías débiles promovidas por el poder de las comunicaciones". Abominan de las diversas formas de la defensa histórica, porque ésta es esencial para que el hombre no sea borrado del mundo, y buscan confundir la cara de la realidad con la realidad misma. Por ello, consideran como meros soñadores a los piensan que se realmente puede cambiar este mundo.
Estas ideas desarrolla el destacado profesor triestino Claudio Magris, uno de los intelectuales de mayor peso en nuestro tiempo, en su libro "Utopía y desencanto" (Anagrama/Gussi), que afortunadamente acaba de retornar. Sus escritos sobre la condición humana e histórica de nuestros días, responden a quien no es para nada ajeno al mundo que vivimos.
Magris escribe en torno a diversos aspectos de la realidad candente: señala que lo que marcó el final del año dos mil, hablando de este tema, precisamente, fue la certeza de que la civilización y la humanidad se acercaban a cambios profundos. Y esto ha sido el sello de nuestro tiempo. Los "falsos realistas" se habrían reído de quienes se animaron a pensar que podría se derrumbado el Muro de Berlín, como sucedió en 1989. Y fue más rotundo: los propios hombres que el muro mantenía alejados de la libertad, lo derribaron. Sí, este milenio concluyó con el mito de las revoluciones, un mito que había caracterizado buena parte del siglo pasado.
Y hay que hablar de las esperanzas de los hombres libres, nos hace pensar el autor triestino. Recuerda que Charley Peguy consideraba la esperanza como la virtud más grande, porque algunos no se atreven a creer que mañana puede ser mejor que el gris momento que vivimos. En este sentido, y recordando una comedia de principios del siglo XIX, de Raimund, Magris evoca una antorcha prodigiosa: va pasando de mano en mano, y quien la conserva en las suyas, tiene la posibilidad de ver el mundo con más claridad, porque esa luz ayuda a ver la realidad de una manera sensata y armoniosa. Para nada es una antorcha falsa.
El riesgo es rechazarla, pensando que nos impedirá ver los dolores y miserias del mundo. Es justamente al revés: rechazarla demuestra la ceguera de quien lo hace, pues está negándose a comprender que "la realidad no es tan mísera y roma". "Utopía y desencanto" se convierte, al cabo, en una lectura insoslayable, porque es una apuesta por la luz y una negativa radical a "los emisarios de la nada", al decir del Nobel Elías Canetti.
NOVEDADES EDITORIALES. Iréne Nemirovsky recibió una educación exquisita pero tuvo una infancia infeliz: debió huir de la revolución bolchevique. Nacida en Kiev, terminó, en París. Una de las grandes escritoras de su tiempo, a la que recién se advierte. De ella se ha editado "El maestro de almas" (Salamandra/Océano), que rebosa humanidad. La recomendamos. Víctima del comunismo y del nazismo, fue asesinada en Auschwitz en 1942.