Somos del tercer mundo

Ruben Loza Aguerrebere

Mañanero lector, vea esta descripción y piense por un instante si está, o no, frente a un espejo. La copio: "Lo prototípico de una elección tercermundista es que en ella todo parece estar en cuestión y volver a foja cero, desde la naturaleza de las instituciones hasta la política económica y las relaciones entre el poder y la sociedad. Todo puede revertirse de acuerdo con el resultado y, en consecuencia, el país retroceder de golpe, perdiendo de la noche a la mañana todo lo ganado a lo largo de años o seguir perseverando infinitamente en el error. Por eso, lo característico del subdesarrollo es vivir saltando, más hacia atrás que hacia delante, o en el mismo sitio, sin avanzar".

Estas palabras que ha leído fueron escritas en enero del año 2006, por Mario Vargas Llosa, y pertenecen a su artículo "Bostezos chilenos", publicado en su reciente y caudaloso libro titulado "Sables y utopías" (Aguilar). ¿Qué nos revela? Mirando en torno, nos guste o no, y mal que nos pese a quienes nos llamaron, allá lejos y hace tiempo, la "Suiza de América", somos sencillamente un país abismado en el tercer mundo.

Otra coincidencia entre el "aburrido" Chile y nosotros. El candidato del Partido Nacional, Luis Alberto Lacalle, como también Bordaberry y Mieres, han insistido en sus deseos de transitar por caminos de civilización y concretar debate de ideas, una confrontación de programas, un intercambio de puntos de vista sobre el futuro de nuestro país: la economía, la enseñanza, el ejercicio de la libertad.

El senador Mujica ha respondido que debatirá si "le conviene". Menciono deliberadamente este aspecto porque, una vez más, vuelvo al citado artículo de Vargas Llosa, quien escribe que, pocos días antes del final de la segunda vuelta, vio el debate que mantuvieron en Chile los candidatos de aquel momento que evoca, Michelle Bachelet y Sebastián Piñera. Comentándolo, señala que uno y otro hicieron esfuerzos por distanciarse, porque "la verdad es que las diferencias no tocaban ningún tema neurálgico". Como consecuencia de ello, Vargas Llosa señala: "Cuando una sociedad abierta alcanza esos niveles de consenso, está bien enrumbada en el camino de la civilización".

Como en este Uruguay de hoy, donde tantas cosas han cambiado, no ocurre nada de lo que figura en ese artículo, me parece envidiable ese "bostezo" del civilizado Chile al que alude el escritor peruano. Porque aquí, nosotros, "no nos aburrimos nunca". No. Vivimos saltando. ¿Por qué? Porque lo que sucede en Chile, desde hace ya años, como dice Vargas Llosa, es que ellos a las emociones fuertes las buscan en los deportes, el cine y en la literatura, pero no en la política. Aquí es al revés, y al igual que en los demás países del tercer mundo, "vivimos peligrosamente y nos nos aburrimos nunca". Será por eso que nos va como nos va.

NOVEDADES EDITORIALES. En "Sables y utopías" (Aguilar), en cinco capítulos, Mario Vargas Llosa ha reunido artículos de ayer y de hoy, sobre el autoritarismo, las revoluciones, el desarrollo, la democracia, el liberalismo y la literatura. El conjunto dibuja el perfil de su rica personalidad y el abanico de sus intereses. El libro, tan caudaloso como seductor, nos revela el mundo de un escritor de proyección universal, que ha hecho de la lucidez una emocionada profesión de fe.

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