En la tarde de ayer, el comisario de la Seccional 27ª del balneario El Pinar, Robert Paz, el director de Investigaciones de la Costa, subcomisario Nelson González, y efectivos de Policía Técnica escucharon el relato de Perera en el supuesto escenario de la agresión.
El lugar era el centro de un bosque de pinos de dos hectáreas de superficie, cuyos límites son la rambla del arroyo Pando, parte de la ruta Interbalnearia y el autódromo de El Pinar.
Sin la presencia de la magistrada penal de la Ciudad de la Costa, Perera trató de reconstruir para los policías cómo dos sujetos "morochos" lo esperaban detrás de un árbol en la tarde del sábado 11 y luego intentaron ultimarlo simulando un suicidio.
El árbol era un pino antiguo. El diámetro de su tronco es de casi dos metros. Junto al árbol, dos funcionarios de Policía Técnica de Canelones encontraron un rollo de nylon verde, supuestamente utilizado por los agresores para ahorcar al jerarca de Antel.
Alrededor de 40 minutos llevó a Perera explicar a los policías lo que ocurrió en la tarde del sábado. Poco después Perera llevó a los investigadores a su casa y mostró los dos disparos que impactaron en el vidrio de su hogar en otro eventual atentado ocurrido a fines del año pasado.
Fuentes policiales indicaron a El País que Perera no realizó denuncia policial en Canelones por ese hecho. También descartaron que éste la hubiera concretado en dependencias de Investigaciones de Montevideo o en Inteligencia Policial.
Al inspeccionar el patio de la vivienda, los policías se encontraron con una cuerda de ropa muy similar a la utilizada por los supuestos agresores. Trozos de ese nylon fue derivado a Policía Técnica para confirmar o descartar que se tratara del mismo material. Desde la calle, se notó cómo Perera trataba de explicar a los policías la similitud de las cuerdas.
Mientras los policías esperaban en el patio de su casa, Perera dijo que se sentía agotado por lo que enfrentó en las últimas 48 horas. "Estoy muy cansado. Tengo una semana de reposo por orden médica", señaló a El País.
El vicepresidente de Antel lucía un pantalón deportivo, buzo rompevientos y championes. Una gruesa bufanda, que arreglaba cada tanto, le tapaba las eventuales marcas en el cuello ocasionadas por la cuerda de nylon utilizada por los supuestos agresores.
"Los médicos me dijeron que el sábado las marcas se notaban. Hoy (por ayer) ya casi no se nota", señaló.
Tras explicar que debió caminar una buena distancia hasta encontrar el lugar de la supuesta agresión, el jerarca de Antel dijo que sentía dolores en las cervicales por "el intento de ahorcamiento con un cable. Pude escaparme de los dos agresores porque hice una llamada" durante el forcejeo, señaló.
Luego culpó a la prensa de "darle mucho color" al supuesto incidente, ya que hubo versiones sobre que estaba en el CTI. "Sí fui sometido a ecografías, tomografías y estuve en observación en sala", explicó.
Perera evitó pronunciarse acerca del origen de las supuestas agresiones que le suceden desde el año pasado.
En marzo del año pasado, Perera contrató al novio de la boxeadora Chris Namús como uno de sus guardaespaldas. En ese momento, cuando el enfrentamiento entre Namús y sus representantes se hacía público y Antel auspiciaba a la púgil uruguaya, el vicepresidente del ente reconoció que había sido "objeto de algunas agresiones y amenazas".
Según Abu G., una vecina de Perera, el vicepresidente de Antel teme por su vida y ese hecho alteró la tranquilidad del barrio donde todos se conocen desde hace varios años. "Cada tanto él venía en taxi y lo hacía esperar hasta que ingresaba a la casa. Se notaba que estaba preocupado por su seguridad", dijo.
Sin embargo, la vecina señaló que el incidente denunciado por Perera "es anormal", ya que en el bosque "jamás pasó algo parecido".
Otro vecino de Perera también indicó que sus hijos juegan en el bosque y tampoco les pasó nada. "Es un lugar muy tranquilo", agregó.
A partir de ahora, varios vecinos alegaron que miran hacia el bosque con temor.