Mañana se cumplirá con el último rito de la pesada liturgia burocrática frenteamplista -uno de los principales obstáculos para que la coalición pueda tomar decisiones políticas después de la superación de sus graves contradicciones internas- y esta vez será el plenario, como otras fueron el congreso, otras la mesa política, otras los comités, el que hará oficial la proclamación de la fórmula presidencial Mujica-Astori.
Y la ocasión será aprovechada, a estar a las palabras del presidenciable tupamaro, "para darle más alegría a la presentación".
Alude sin duda al velorio que el lunes pasado ofrecieron a la ciudadanía y a sus propios adherentes, cuando secamente, sin mirarse los ojos, y sin esbozar una sonrisa, dijeron haber llegado a un acuerdo que pareció más imposición que otra cosa.
Las vueltas que da la vida, o mejor dicho las vueltas que ha dado y sigue dando Vázquez. Después de haber tomado su decisión de volver al ejercicio de su profesión respondiendo a su verdadera vocación, Váz-quez hizo lo posible para que la fórmula se integrara con estas dos personas pero ordenadas al revés. No hubo caso. La alianza entre comunistas y tupamaros le dijo nones -más bien lo desafió y lo tiró para el tercer lugar, detrás incluso de Carámbula-, y no hubo poder ni influencia presidencial que pudiera darla vuelta. Asumida la realidad, Vázquez quiso convencer a su candidato para que aceptara la Vicepresidencia, pero terminó disgustándose con las exigencias de Astori -a quien tiene que costarle, lógicamente, ser segundo de Mujica hasta en una partida de ludo- quien para acceder pedía poco menos que el poder. Y cuando el ex Ministro de Economía y Finanzas quedaba colgado de un pincel y tomó conciencia que era eso o nada porque ya estaba tomada la decisión de sustituirlo por el Ministro Martínez, entonces se prendió a lo que le dieron.
Consumados los hechos, hay que poner música que alegre el ánimo de la lógicamente desconcertada militancia de las izquierdas reunidas, y tendremos el sábado una batucada de ritmo forzado, que llega tarde. Porque la música, inevitablemente desafinada, tendrá toques de funeral.