Ciudad De México | "Es muy fácil decir `cierre`, pero ¿cómo vamos a vivir? Dicen que es por mi salud. Pero o me muero de la enfermedad o me muero de hambre", se lamentó René Pérez Lozano, dueño de un café en México. Las autoridades locales ordenaron que los restaurantes de la capital sólo vendan comida "para llevar", y que los bares y centros nocturnos cierren por completo sus puertas hasta el 5 de mayo, como parte de las medidas que buscan evitar la propagación de la gripe porcina.
El secretario de Gobierno de la capital, José Angel Avila, dijo que la medida afectará a más de 25.000 restaurantes en una metrópolis que tiene espectáculos cancelados, colegios y gimnasios cerrados y comercios parcialmente cerrados.
Las acciones para enfrentar la epidemia también golpearon a las ligas profesionales de fútbol y béisbol que jugarán sin público. Los nueve partidos de viernes a domingo de la penúltima fecha del torneo de Clausura serán a puerta cerrada, igual que las series de béisbol entre martes y jueves en siete localidades del país. La realización de dos torneos internacionales de basquetbol y voleibol en México peligraba debido a la epidemia.
El Senado y la Cámara de Diputados mexicanos impidieron el martes el acceso del público y periodistas a sus sesiones, para mantener un ambiente de "seguridad e higiene" que evite la propagación de la epidemia.
La Ciudad de México y sus suburbios integran una de las áreas metropolitanas más pobladas del mundo, con 20 millones de habitantes, y es la zona más afectada por la epidemia por la cual 159 personas con síntomas han muerto, pero solo 20 están confirmadas que estaban contagiadas del virus.
Ahued informó que en las últimas 24 horas la ciudad de México registró tres nuevos decesos, aunque no precisó si están incluidos en los 152 reportados por el gobierno federal. Agregó que el lunes acudieron a hospitales capitalinos 12.312 personas, la mitad de las cuales tenía síntomas compatibles con la influenza. Sin embargo, luego de revisiones sólo se canalizó a clínicas a 29 personas.
Las mascarillas verdes, azules o blancas, pese a no ser una medida eficaz, se ven por todas partes, cubriendo bocas y narices de hombres, mujeres y niños, policías y borrachos. Tanto se usan que se agotaron y hasta a la misma estatua de san Judas Tadeo, patrono de las causas perdidas, le colocaron una mascarilla celeste. Agencias