El aire de la democracia

Álvaro Casal

No hay prácticamente un solo día en que no se estén dando a conocer resultados de encuestas. Encuestas sobre prácticamente cualquier tema. Vivimos en la era de las encuestas. Y las de intención de voto cobran cada vez mayor intensidad a medida que nos acercamos a las elecciones nacionales.

Esto no fue siempre así. Todo empezó con George Gallup quien en 1922, cuando tenía 21 años, fue contratado junto con otros 50 estudiantes, para preguntarle a los lectores de un diario estadounidense, qué les gustaba y qué no les gustaba del periódico. Un caluroso día de verano, harto de su tarea, Gallup decidió que tenía que haber una manera mejor de hacer aquello. Fue así que nació su tesis, en la que concluyó que no era necesario preguntarle a todos. Bastaría entrevistar al barrer, de acuerdo con un plan de muestreo que tomaba en cuenta diversidades relevantes. Por ejemplo, geográficas, étnicas, económicas.

Gallup explicó lo que decía y hacía: "Supongamos que hay siete mil porotos blancos y tres mil porotos negros bien mezclados en un barril. Si usted toma cien de estos porotos, tendrá aproximadamente setenta porotos blancos y treinta negros y el margen de error posible puede ser calculado matemáticamente. Mientras el barril contenga más porotos que su puñado, la proporción quedará dentro de ese margen de error, novecientas noventa y siete veces de cada mil".

Al principio aplicó su teoría sólo en el campo de los periódicos. Pero no demoró en empezar a evaluar la efectividad de la publicidad. Finalmente, en 1932 entró en el campo de la política. Su suegra era candidata demócrata a secretaria de Estado de EE.UU. George Gallup hizo una encuesta puerta a puerta preguntando a los votantes qué querían. La suegra, ganó.

Había otros investigadores de mercado por ese entonces. "The Literary Digest", desde 1916 había preanunciado los resultados de las elecciones presidenciales estadounidenses. Enviaba millones de tarjetas postales a listas de personas tomadas de guías telefónicas y registros de automóviles. En julio de 1936 consultó sobre la elección que enfrentaba a Alf Landon con Franklin D. Roosevelt. Gallup escribió que esa encuesta daría a Landon ganándole a Roosevelt y que estaría equivocada, ya que Roosevelt ganaría, si bien Landon lograría buena votación entre la gente que tuviera suficiente dinero como para poseer teléfonos y automóviles.

Gallup fue ridiculizado, el "Digest" dio a Landon como ganador y triunfó Roosevelt. La Encuesta Gallup se convirtió en una institución. Como dijo Richard Reeves: George Gallup había "embotellado el aire de la democracia".

Las encuestas no demoraron en ser utilizadas para nombrar productos, medir popularidades y hasta determinar títulos. Como el del relato (que luego se volvió filme famoso), que gracias a Gallup pasó a llamarse "Lo mejor de nuestra vida".

Lord James Bryce, quien junto con Tocqueville fue uno de los más penetrantes observadores de los Estados Unidos del siglo XIX, dijo en 1894 que la democracia llegaría a una etapa superior "si se pudiera averiguar en forma confiable y rápida, lo que la mayoría de los ciudadanos está pensando la mayor parte del tiempo". No podía imaginarse que ello lo lograría un jovencito de Iowa, tratando de ganar un puñado de dólares.

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