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JUAN ORIBE STEMMER
La conducta internacional de los Estados debe fundarse en la celosa defensa de la soberanía nacional y de sus legítimos intereses. El Parlasur se está convirtiendo en una seria amenaza para valores e intereses fundamentales, de largo plazo, de nuestro país.
El Tratado de Asunción es el producto de la convergencia de los Estados de región austral de América del Sur a partir de fines de la década de 1960.
El Tratado de la Cuenca del Plata fue suscrito en 1969; el Tratado para la constitución del Mercado Común del Sur fue firmado en 1991; el Acuerdo sobre transporte fluvial en la Hidrovía Paraguay - Paraná (Puerto Cáceres - Nueva Palmira) es de 1992. En todos estos acuerdos se trató de relaciones Estado - Estado.
El Parlamento del Mercosur se aparta de ese camino, en varios sentidos.
Primero, no será un organismo formado por los Estados de la región. El artículo primero de su Protocolo constitutivo estipula que será el "órgano de representación" de los pueblos de los países del Mercosur, "independiente y autónomo, que integrará la estructura institucional del Mercosur".
Segundo, mientras que toda aquella estructura de acuerdos negociados desde 1969 -incluso el Mercosur mismo- se funda en el principio fundamental de que los Estados solamente se obligan con su consentimiento, en el caso del Parlasur, tenemos un cuerpo que "adoptará sus decisiones y actos por mayoría simple, absoluta, especial o calificada".
Tercero, las relaciones entre los países de la región se han fundado -y esta es una conquista fundamental que nos costó muchas guerras y sacrificios- en el principio esencial de la igualdad soberana de los Estados. Es decir: cada Estado un voto; el voto de todos los Estados vale lo mismo; y "naides es más que naides". Ello no sucederá en el Parlasur que será integrado "de conformidad a un criterio de representación ciudadana". Algunos países tendrán más representantes que otros.
¿Cuál será la composición del Parlasur? En este momento Argentina y Brasil estarían considerando dos fórmulas: una de ellas (aparentemente favorecida por Argentina) propondría 75 representantes para el Brasil, 44 para Argentina, 19 para el Paraguay, 19 para el Uruguay y 37 para Venezuela (en total 194 escaños).
La segunda (presentada por el Brasil) establece que la bancada brasileña tendría 75 representantes, la argentina 33, la paraguaya 18, la uruguaya 18 y la venezolana 27 representantes (en total 171 escaños).
Los votos sumados de Paraguay y Uruguay sólo representarán un quinto del total.
La situación nos será aún más desfavorable si se integra Venezuela. Es lógico: la población del Mercosur se divide en forma muy despareja: la población de la Argentina representa el 39,4 % de la población total del Mercosur (sin Venezuela), el Brasil representa el 80%, el Paraguay el 2,6% y el Uruguay el 1,4%.
Pero el problema fundamental es aún más profundo.
El Parlasur contiene una combinación letal para el Uruguay: es un cuerpo con vocación supranacional, estará compuesto por representantes que pronto serán elegidos directamente, de acuerdo a un criterio de proporcionalidad que nos deja prácticamente inermes.
Hemos tirado por la borda principios básicos de derecho internacional que nos amparan de las posibles veleidades de nuestros hermanos mayores.
Todo ello mientras se proclama alegremente. "¡más y mejor Mercosur!"
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