Tel Aviv | El apoyo del ultraderechista partido Israel Beitenu, liderado por Avigdor Lieberman, a la formación de gobierno por parte del Likud de Benjamin Netanyahu, podrá significar un nuevo golpe, luego de la invasión israelí a la Franja de Gaza que culminó el mes pasado dejando un saldo de 1.300 palestinos muertos, para las negociaciones de paz entre israelíes y palestinos. Y esto podría traer, además, una complicación en las relaciones del Estado Hebreo con Washington.
Netanyahu, que ya fue primer ministro desde 1996 hasta 1999, sostuvo que se niega a la creación de un Estado Palestino y al retiro de los colonos judíos en Cisjordania.
Esta semana un editorial del diario Haaretz de Israel sostuvo que Netanyahu volvería a las "raíces históricas" de su partido. Lo que significaría promover su filosofía de no ceder tierras a los palestinos y reavivaría el conflicto con la milicia islámica de Hamas en Gaza, con la cual se niega a negociar.
Tanto el Israel Beitenu de Lieberman, como los otros partidos que apoyan a Netanyahu para formar gobierno, se caracterizan por ser de derecha y ultraderecha, y por ser movimientos religiosos.
Lieberman planteó la semana pasada que el próximo gobierno israelí deberá "actuar contra el terror", derrocando a Hamas. El líder del Israel Beitenu señaló también que promueve la intensificación de la colonización en los territorios palestinos.
"Es un error relacionar este conflicto -con los palestinos- con la ocupación o la colonización (israelíes), puesto que ya estábamos confrontados al terrorismo palestino antes de junio de 1967", fecha en que Israel ocupó los territorios de Cisjordania y Gaza, aseguró ayer el líder de extrema derecha. "Si los árabes quieren un Estado Palestino, tuvieron la posibilidad de crearlo desde 1948 (fecha en que se creó el Estado israelí) hasta 1967", dijo.
Lieberman declaró que su partido pretende la creación de una ley que supedite la ciudadanía a la "lealtad al Estado": la medida significará la expulsión de árabes desleales y la condición de servir al ejército para acceder a estudios terciarios e ingresar en empleos públicos.
Un gobierno de estas características provocaría, sin duda, fricciones con la Casa Blanca que, desde la llegada de Obama, parece menos dispuesta a conceder un apoyo incondicional al Estado Hebreo. Agencias