Izquierda uruguaya

JUAN MARTÍN POSADAS

Creo que Astori está muerto. Políticamente muerto. Me animo a desarrollar lo que sigue porque esa circunstancia evita la confusión entre nombres propios y conceptos y, como su muerte provino de fuego amigo, tampoco corro el riesgo de que se tome como un elogio.

Hace unos meses escribí que si en el Frente Amplio había dos candidaturas fuertes no era porque Mujica y Astori fueran particularmente ambiciosos o tercos sino porque eso era una expresión natural (e incontenible) de la realidad política que los sustentaba: hay dos Frente Amplio. "El Frente se ha convertido en bifronte; Astori y Mujica son la representación personalizada de los dos destinos finales que traía embarullada la ola de votos de la elección pasada". (El País, 21-XII-08)

El Uruguay necesita una izquierda, la está buscando hace tiempo. Ese ámbito político -la izquierda- que, en su momento, fue ocupado por una ingeniería compleja que se llamó Frente Amplio, es hoy un espacio en discusión y en disputa. Astori representaba (hablo en pasado en mérito a lo dicho arriba) y era visto -no sé si con justicia, no sé si con lucidez, no importa- como portabandera de una de las dos izquierdas que pujan por llenar el espacio llamado Frente Amplio.

Ese espacio también mantiene actualmente un componente ideológico marxista. Y mantiene un estado de confusión mal resuelta en torno a la revolución romántica y trágica de la guerrilla, tan valorada en sueños y tan dolorosa en su catastrófica derrota. Ese es, con matices, el otro Frente Amplio, el que está con Mujica.

El Uruguay necesita una izquierda. ¿Cómo sería la izquierda que necesita el Uruguay? No tiene que ser algo inocuo, descafeinado, derechizado. Otras son las cualidades esperadas. El Uruguay necesita una izquierda moderna y democrática. Sobre todo democrática. En lo demás puede ser lo que quiera. Pero democrática tiene que ser en serio. Por convicción y con entusiasmo. Ajena a ese escorzo forzado e imposible que proclama a la vez amor a la democracia y admiración por Fidel Castro.

El Frente Amplio que pensaron y fundaron Michelini, Batalla, Rodríguez Camuso y J. P. Terra era una izquierda democrática. Esos manantiales políticos aún brotan y hacia allí han acudido, elección tras elección, una cantidad considerable de uruguayos que no tienen nada de marxistas, como nada tenían los arriba mencionados, tan fundadores del Frente como Rodney Arismendi. Muchos uruguayos pusieron allí sus esperanzas políticas. La historia, no es necesario explayarse, ha registrado sucesivos desengaños. Ahora, consumado el astoricidio, esa opción volvió a morir. El senador Lorier dijo hace tiempo: este es un gobierno en disputa. Ya no. Aquella izquierda, largamente buscada por tantos uruguayos, cargará con la derrota de Astori y, una vez más, no corre para la próxima elección.

El Frente Amplio como espacio político común (el Frente de Seregni) no existe más; las dos corrientes que siempre lo compusieron ahora buscan, cada una, quedarse en exclusividad con esa razón social. Una de las corrientes acaba de aniquilar la posibilidad electoral de la otra; en el proceso ha dado un importante paso hacia la derrota de ambas.

Quiero concluir -aunque sería tema para otro artículo- que la elección de Mujica como candidato de las fuerzas internas que hirieron de muerte a Astori es sólo una medida táctica y provisoria. Tampoco Mujica representa la izquierda que ellos quieren imponer en el Frente Amplio.

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