RODOLFO SIENRA ROOSEN
Dos precisiones previas por las dudas, nada más. 1) Hace 17 años que escribo regularmente en esta página, no tengo participación en la empresa y nunca recibí de nadie una instrucción, ni observación, ni limitación alguna. 2) Soy opositor a este gobierno (quienes me soportan, dirán "¡oh novedad !").
Ahora al grano. Ante observaciones sobre la dimensión de uno de los problemas más críticos que vive el país como el de la seguridad pública, el Dr. Váz-quez ironizó sobre aquellos que hablaban de "sensaciones térmicas" por encima del descen- so del número de delitos, preguntándose cómo se medían esas sensaciones. Se lo vamos a explicar.
El ejemplo paradigmático de una sensación térmica intensa lo da la realidad que se está viviendo y que en su notable ar- tículo del domingo pasado -"El país del miedo"- reflejó como nadie el Dr. Luis Alberto Lacalle. Hay que tener muy poca sensibilidad para no comprenderlo, pero un Presidente que bate el récord histórico en cantidad de custodios -la mayoría de "la pesada" del Frente Amplio a los que premió con su presupuestación- y que reiterando la medida tomada en la dictadura aisló a la Estancia de Anchorena del tráfico marítimo -dicen que perjudica el pique de los peces- es consciente que el estado de emergencia social denunciado por quien fuera para muchos de nosotros y para el propio Dr. Vázquez "un gran Presidente de la República", es dramático.
Pero además el propio Ministro del Interior implícitamente lo ha admitido cuando en un programa televisivo emitido el 30 de junio, compartió plenamente "la tesis del Presidente Tabaré Váz-quez que existen medios de prensa que realizan "campañas" para erosionar al gobierno exagerando la problemática de la seguridad" ("El Observador", 2 de julio). El Presidente al inaugurar la sala de prensa de Suárez, se manifestó sorprendido por la "agresividad" de algunos medios a los que dijo tratar con respeto, pero su Ministro los acusa de ser instrumentos de erosión del gobierno y para colmo "sin importarles el país", como si fueran la misma cosa, dejando a Luis XIV a la altura de un felpudo.
El Ministro admitió la gravedad de la situación cuando después de aclarar que "yo no tengo ningún tornillo pero no me van a correr a ponchazos", agregó: "Es más, bastaría que un grupo significativo del Frente Amplio no aceptara mi gestión, bastaría que el Pit-Cnt, que la Federación de Estudiantes, que Fucvam, que las organizaciones sociales representativas de la sociedad declararan su disconformidad con el Ministerio, con este Ministro, y yo no me quedo un minuto en el Ministerio". De la eventual disconformidad del Parlamento, ni una palabra, pero hubiera sido innecesaria. A confesión de parte, relevo de prueba: el Ministro se considera subordinado, moralmente es claro, a los Sindicatos, y a la FEUU. El grado de sensación térmica se puede medir entonces cuando vuela en mil pedazos el termómetro. Esto es muy grave: ¿quién va a poner un peso en un país en donde el responsable del orden público se declara sostenido por el poder sindical ?
Y ¿qué culpa tendrán los medios que sus periodistas informen de esta originalidad? De todas maneras el Ministro también dijo percibir el respaldo popular a su gestión: "la gente que me ve me hace el dedito para arriba" dijo, según la fuente.
Pero no aclaró cuál de los cinco que tiene una mano.
"Al parecer, exteriorizar preocupación por la inseguridad es indicio de mitomanía social".