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ANTONIO MERCADER
Parece una conjunción astral esta coincidencia de Daisy Tourné y José Mujica clamando al unísono que Uruguay es el país más seguro de la región. La ministra del Interior dice que por algo recalan en nuestro puerto tantos cruceros turísticos. El senador declara que lo tienen "podrido con el tema de la seguridad" y que las calles de San Pablo o Buenos Aires son más peligrosas.
El error de ambos es olvidarse que los uruguayos no nos comparamos con la región sino con nosotros mismos al recordar un pasado reciente en donde la vida cotidiana era más pacífica, sin rejas y menos delincuentes. Lo cantan las estadísticas. Uruguay está entre los diez países con la tasa de rapiñas más alta per capita. Delitos graves, como los homicidios, siguen aumentando. Y las encuestas de intención de voto -¡atento Mujica!- prueban que éste es, después del económico, el asunto que más preocupa a la gente, una prominencia que la inseguridad nunca tuvo en sondeos realizados en vísperas de campaña electoral.
Danilo Astori venteó la brecha y contradijo a Mujica. "Tenemos un problema importante" con la seguridad, afirmó antes de anunciar que, si gana las elecciones, creará un gabinete de seguridad con los ministros del Interior, Economía y Desarrollo Social.
Con la soltura que tiene para volver sobre sus pasos, es probable que Mujica se desdiga, pero el daño está hecho. Un candidato presidencial no puede "pudrirse" de los asuntos públicos y menos aun si se trata de la seguridad, salvo que esté acudiendo al reciente reclamo de mayor solidaridad con su gestión que hizo Tourné a sus correligionarios.
Dicho sea de paso, la ministra estuvo entre los pocos dirigentes socialistas que no apoyaron la candidatura de Astori (estaba de vacaciones, aclaró).
Tan inmersos están los gobernantes en la trama de las candidaturas que casi todo puede leerse en clave electoral. Aunque aun sin especulaciones políticas, es grave que Mujica esté "podrido". Ya se sabe que cuando el senador se "pudre", la embarra. Eso le pasó con las citaciones judiciales: tan cansado estaba de ir a los juzgados que un día, al salir de uno, dijo "estoy podrido" y salió disparado a firmar contra la ley de caducidad. ¿Qué tenía que ver?
Así es el líder tupamaro. Afable a veces, volcánico otras, por momentos parece pensar que le habla un público ignaro que ya olvidó la política de cárceles abiertas de José Díaz, aquel ministro del Interior que terminó su gestión pidiéndole a los ciudadanos que salieran a la calle armados con un silbato... para soplarlo si eran rapiñados. ¿Acaso cree que ese público ignora el acoso de los descuidistas, los chicos pasta base, los rapiñeros en moto, los copadores, atracadores y otros azotes?
No puede creerlo. Quizás Mujica piense que hay mucho teatro en torno al tema. Doquiera que vaya le hablan de la delincuencia, los periodistas lo consultan y doña María se queja. ¿Será que están creando una "sensación térmica"? Conste que tiene razón Tourné cuando perjura que nunca pronunció esas dos palabras.
Pero las evoca y presupone cuando pone ejemplos como el de los cruceros que minimizan el drama de la inseguridad, en tanto el país discute sobre letales cercas eléctricas, comerciantes armados, grupos de autodefensa en barrios capitalinos y Ciudad de la Costa, causas del auge delictivo, acciones preventivas, políticas carcelarias y tantas cosas más.
"Podridos" de la inseguridad estamos todos, pero es una temeridad que Mujica y Tourné le resten importancia al problema.
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