Madrid - El graffiti, el arte de la calle, se balancea en España entre la consagración del museo y la cárcel, ya que mientras en Barcelona estrellas del género, de varios países, realizan este fin de semana un festival, en Málaga cinco artistas fueron arrestados y la Comunidad de Madrid les declaró la guerra.
"Guerrilleros de las comunicaciones" desembarcaron en el festival "The Influences", dedicado a proyectos de arte sobre soportes no convencionales, en curso todo el fin de semana en el Centro de Cultura Contempóranea de Barcelona.
Entre los grupos independientes y los artistas invitados, algunos de los más notorios son el grupo Swoon y el italiano Blu.
Este último, expresó Dino Brusatin, director del festival, es la estrella más esperada, un autor de graffitis de fuerte impacto realizados sobre el muro erigido entre Israel y la Franja de Gaza o de enormes murales encargados por el museo de arte moderno Tate de Londres para su fachada.
Desde hace días, Blu, cuyos videos en Youtube fueron visitados por 5 millones de personas, trabaja en un lugar secreto de Barcelona en una obra que será donada a la ciudad en la conclusión del festival.
"Son guerrilleros porque lanzan mensajes que rompen el cliché del territorio, actúan con recursos limitados y tienen una urgencia: lanzar una idea que puede llegar a chocar con las instituciones y los medios de comunicación", dijo Brusatin.
Rapidez, astucia, economía de medios y visibilidad en breves momentos clave, conforman los principios básicos de la actividad callejera.
En España, el "tagging", pintadas con aerosol spray antesala del "street art", tiene origen autóctono, a diferencia del resto de Europa, donde es más fuerte la influencia estadounidense.
Posee raíces en la acción en Madrid de la década de los 80, cuando sobre las paredes de los edificios de la capital española comenzaron a aparecer los graffitis de Muelle, el alias de Juan Carlos Argello, de Bleck o de Glub, seguidos por los creadores del grupo QSC.
Desde entonces, el arte callejero ligado a la escritura abarcó trenes, estaciones, vagones del metro y espacios públicos de las principales ciudades.
En la década de los 90 el tema tomó impulso con el lanzamiento de una marca de spray pensada para hacer graffitis, Montana, de calidad y a precio accesible para cualquier aspirante a Picasso de las calles.
El Montana Shop&Gallery de Valencia es el símbolo de la que es hoy la capital del género en España, donde el surgimiento de revistas especializadas, de plataformas como el Urban Art Festival y de actividades temáticas, atrae a creadores y artistas de todo el mundo.
Pero, en la otra cara de la moneda, se encuentra la "cruzada" contra los "graffiteros" anunciada por la asesora de Medio Ambiente de la Comunidad de Madrid, Ana Botella.
"Queremos que los graffitis desaparezcan poco a poco, porque no son arte, sino una plaga social", dijo la mujer del ex jefe de gobierno derechista José María Aznar, al pedir la colaboración de todos los madrileños para que adviertan a la policía cuando vean a un artista callejero en acción.
Durante una visita a Vallecas, barrio popular de la periferia sur, donde la Comunidad madrileña encaró "trabajos de limpieza integral", Botella desmenuzó las cifras de lo que llama "plaga".
Según ella, costó a las arcas municipales "6 millones de euros en 2008 eliminar 380.465 metros cuadrados de pinturas, equivalentes a 2,4 veces la superficie de vidrio de los cuatro nuevos rascacielos de la Ciudad Deportiva".
El combate a los graffitis prevé también un fuerte endurecimiento de las sanciones monetarias a los infractores.
"La libertad del graffitero termina donde comienza la del propietario de la fachada", advirtió Botella.
La batalla se anuncia dura y muchos recuerdan el caso del artista Asier, al que la Comunidad, tras cancelarle una obra suya, le dio el premio para "Jóvenes creadores", ignorando su identidad.
Por último, el arte le cuesta caro a los jóvenes de Málaga, donde en días pasados cinco fueron arrestados, por la denuncia de una veintena de propietarios de negocios, edificios y fábricas.
En las semanas pasadas, siempre en la ciudad de la Costa del Sol, terminaron esposados otros seis aspirantes a artistas callejeros con las manos todavía sucias de pintura.
ANSA