En la Dirección Nacional de Aduanas, ya van 11.850 personas presentadas en los últimos días, para tratar de ocupar 33 cargos en régimen de contrato renovable por un año. A su vez, en la Junta Departamental de Montevideo, donde se hizo un llamado para llenar 30 vacantes, ya se han postulado 5000 personas y se esperan muchas más. Finalmente, en el Senado, el mero hecho de haberse dado a conocer, vía Internet, las normas sobre contrataciones futuras, llevó a que cientos de aspirantes se dirigieran al Parlamento, donde se les tuvo que explicar que por allí aún no hay ninguna convocatoria.
Este panorama se asemeja al de otros ofrecimientos de puestos, realizados durante el actual gobierno. En mayo de 2007, miles y miles se presentaron en Ancap esperando llegar a ser nombrados operarios o choferes. En otro concurso, convocado por el BROU y el Banco de Seguros, se anotaron 40.800 aspirantes para 352 puestos. Asimismo, cuando el Banco de Seguros convocó a concurso para nombrar 16 "suplentes de lavandería", nada menos que 4.000 jóvenes hicieron cola para decir "presente". Estos ejemplos, tomados al azar, hoy importan. Por un lado revelan que en el Uruguay de hoy no ha muerto el sueño de ser empleado público. Un sueño que está vivo pues generalmente se considera que ser funcionario estatal conlleva muchas ventajas, no siendo la menos importante aquella de la legendaria aunque ya no tan cierta inamovilidad.
Por otro lado, son actos que muestran en qué forma se materializan nuevos pasos en la repoblación de los abultados cuadros de funcionarios, encarada sin vergüenza alguna, por quienes cuando eran oposición, invocando la saturación de la administración pública, querían frenar a todo trance este tipo de nombramientos.
Pero hay que recordar un detalle: en 2005 el "progresismo" llegó al gobierno. ¿Qué ocurrió? Rápidamente derogaron la norma que prohibía nombrar nuevos funcionarios hasta el 25 de abril de 2015. Y así empezó a tomar forma la avalancha. Se abrieron desembozadamente las puertas de esta forma tan elemental de clientelismo político, que evidentemente se ha intensificado a medida que se acercan las elecciones nacionales.