Que la suerte es un tema de rachas (y en esto no tiene nada que ver el contador Bengoa y los casinos municipales), no es ninguna novedad. Hay que saber aprovecharla cuando es positiva, cuando es el tiempo de ganar, porque no dura para toda la vida. En algún momento se corta y a veces debe pasar mucho tiempo para que regrese. Si no se conoce esta sacrosanta regla del azar, las consecuencias pueden ser penosas y lamentables. Y eso es lo que está pasando con la administración frentista en momentos en que llega a la recta final de su mandato.
Este gobierno disfrutó durante cuatro años de una coyuntura económica internacional realmente excepcional. Un mundo donde sobraba el dinero, los precios de los productos subían a las nubes, la inversión extranjera se mostraba generosa y se edificaba un famoso "espacio fiscal" de proporciones asombrosas. Todo era posible para la imaginación de los gobernantes porque la plata ingresaba rauda y robusta sin mayores dificultades. Campeaba el optimismo y más de uno debe haber pensado que era una bendición divina, que Dios protegería para siempre a la administración frentista, porque finalmente habían llegado los "buenos".
Se equivocaron y se equivocaron feo. Este no era un tema de Dios sino del hombre, criatura que es falible, que comete errores, que es muy capaz de destruir en poco tiempo todo lo bueno que se le había obsequiado en años y que sufre los embates de la buena o mala suerte. Para Uruguay se terminó la racha positiva, se le dio vuelta la taba, y los problemas se acumulan y se vislumbran peores.
A grandes males, mayor incapacidad, parece ser la consigna del gobierno
El país sufre una feroz sequía que amenaza con arrasar la cadena agropecuaria, porque el tema no es solo la falta de agua. Demostrando menos reflejos que Bush cuando el huracán Katrina, las medidas del gobierno fueron tardías, discriminatorias e insuficientes. El Poder Ejecutivo seguía pensando en la "suerte" de una lluvia para solucionar sus problemas, pero éstas no aparecieron y fue necesario improvisar. Las consecuencias durarán años y será una pesada mochila, auténtica "herencia maldita", para el próximo gobierno.
La bonanza financiera internacional se transformó en crisis. Aquí se resolvió, para enfrentarla, disminuir los gastos de los viajes oficiales al exterior, mientras siguen ingresando funcionarios públicos o se les asigna aumentos de salarios por encima de lo aconsejable y prudente.
Como consecuencia de la crisis, todos los países del mundo han adoptado medidas para asegurar la competitividad de sus productos y no perder mercados. Es que el panorama sería negro si ello ocurriera. Pero Uruguay adopta medidas en sentido contrario, con el argumento del siempre latente peligro de la inflación, que no se pudo o se supo superar con los años de esplendor económico.
Pero hay más. En pocos días se deberá abrir -según lo anunciado- el "corralito mutual" como parte del nuevo Sistema de Salud. Es lo correcto, no se puede estar limitando la libertad de los ciudadanos para defender a una u otra institución sino que se les debe permitir que ellos opten por la que consideren mejor a sus intereses, porque para ello pagan. Pero se ven venir el tembladeral (se trata de 164.000 personas) y temen que se transforme en un tsunami, por lo que -parafraseando al presidente Vázquez- se han encerrado en un PPS, un Profundo y Prolongado Silencio ante el desconcierto de la ciudadanía por la escasa información.
Finalmente, y no es menor, aquella fuerza que aparecía monolíticamente unida en las pasadas elecciones, se ha fracturado. Las ambiciones humanas y la necesidad de protagonismo de los sectores partidarios que permanecían ocultos por un objetivo común (lograr el gobierno), han saltado a la opinión pública y se avizora una elección interna con, por lo menos, tres competidores que aspiran al delfinato de Vázquez. Se tiró por la borda, sin ningún tipo de contemplaciones, aquello de que "lo que importa es el programa" y cada uno levantó su foto para entrar en la carrera.
Para colmo, el caso Bengoa -ahora sí- entrará en sus etapas definitorias. Habrá nuevos careos con sus ex superiores jerárquicos en la IMM, Alberto Roselli, María Julia Muñoz y Mariano Arana -¿estaban enterados de lo que ocurría? ¿Hubo sólo omisión o negligencia- y después el pronunciamiento judicial.
No hay dudas. Se acabó la suerte y sin ella el Frente Amplio es poca cosa.