La aparición de nubes de langostas en campos del centro del país es el golpe de gracia para muchos maltrechos productores. En muy poco tiempo se pasó de una bonanza histórica, con récords de precios y exportaciones, a vivir la brusca caída de los valores, una crisis financiera que se profundiza, una terrible sequía, y ahora la plaga de insectos.
Una vez más queda demostrado que todo es relativo. Los buenos años, las zafras auspiciosas deben servir para prepararse bien para cuando los vientos no soplen tan propicios.
Una vez más el Estado queda en evidencia por la falta de previsión y de respuesta. La ausencia de políticas serias y a largo plazo hacen muy vulnerable al sistema productivo nacional, al punto tal que no sabe cómo terminará esta historia.