JOSÉ MASTANDREA
No es casualidad. Defensor Sporting hace dos años que no puede ganar en La Curva. Ahí, en su casa de Jardines, manda Danubio. Y ayer lo confirmó con creces. No sólo se quedó con el clásico de los chicos jugando con diez hombres desde los 45 minutos, sino que se impuso por ganas, por fútbol, por querer llevarse la victoria a cualquier precio.
Esa fue la (gran) diferencia entre un equipo que quiso y otro que no. Entre un equipo que salió a jugar pensando en el arco de enfrente y otro que pareció conformarse con no perder.
Raro. Porque Defensor Sporting venía entonado. Venía jugando, trepando y ganando. Pero ayer no fue el mismo. Defraudó. Quedó en deuda con su gente y con el clásico.
Danubio no. Danubio respondió a la exigencia y pese a quedar con diez por la tonta expulsión de Javier Delgado, se repuso, se rearmó y salió a pelear el partido de igual a igual.
Y esa diferencia en la actitud de uno y otro, empezó a inclinar la balanza, sobre todo en el complemento. Allí los técnicos jugaron su partido. Y ganó Lasarte.
Da Silva colocó a La Paglia, a Vila y a Navarro. Defensor llegó más pero fue tibio en ofensiva. Tuvo mejor trato de pelota con el argentino en la cancha pero no tuvo peso en el área rival.
Lasarte mandó a Ifrán a la cancha, a Míguez y a Jorge García. Esperó y buscó la contra. Por ahí hasta dio la sensación de meterse mucho en su área pero apenas pudo, se lanzó al contragolpe.
Así llegó al gol. Después de un tiro libre que desperdició Defensor salió a mil por hora con Matías Pérez y Diego Ifrán encabezando la patriada. La doble pared terminó en el área violeta. Ifrán, ante la salida desesperada de Martín Silva tocó al medio y casi en la raya, Matías Pérez la reventó pese al esfuerzo (desde el piso) de Jorge Curbelo.
Fue el gol. Fue el 1 a 0. El que le dio el triunfo a Danubio en Jardines. El que hizo delirar a la hinchada. El que dejó los corazones latiendo al borde del infarto. El que hizo posible los abrazos, las sonrisas y los gritos de aliento.
Fue el tanto de la victoria en el clásico de la fecha. Por eso el festejo y la locura. Por eso la emoción y las lágrimas.
Pero al partido le quedaban quince minutos más. Defensor se tiró con todo y metió a los zagueros como delanteros. No pasó nada. Danubio se abroqueló y se agigantó la figura de Conde descolgando y atajando pelotas difíciles. Los cuatro minutos de descuento fueron eternos para los locales y escasos para los visitantes.
El pitazo de Bentancor desató la locura. Danubio sacó pecho y dijo: en La Curva mando yo.