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JORGE ABBONDANZA
Al cine nunca le faltarán temas si la realidad sigue aportando escándalos dignos de una superproducción. La mujer más rica de Alemania, dueña del 46% de la fábrica de automóviles BMW, fue extorsionada por un ex-amante y resolvió denunciar a ese hombre ante la Justicia, con lo cual él ha pasado a la cárcel y ella ocupa la primera plana de los diarios.
La empresaria se llama Susanne Klatten, su apellido de soltera es Quandt, heredó de su padre los 13.000 millones de dólares que valen las acciones de BMW, cumplió 43 años, está casada y tiene tres hijos. Hace un año y medio conoció en el bar de un hotel al suizo Helg Sgarbi, aventurero cuarentón que supo seducirla y compartir con ella acalorados episodios en otros hoteles de Munich. A esa altura, Susanne ignoraba dos cosas: que el idilio terminaría a los pocos meses y que Sgarbi le haría el cuento del tío.
Efectivamente, en septiembre de 2007 el suizo le pidió ayuda porque era perseguido por pistoleros de la mafia norteamericana, luego de atropellar con su auto al hijo de un integrante de esa organización. Para salvarse tenía que sobornar a los mafiosos y por ello pidió a Susanne 7.500.000 euros (9.500.000 dólares) que ella le entregó en billetes de 200 euros, como él solicitaba.
Una mujer de tantos recursos podía pensar que esa suma era también un pago por los servicios amorosos de Sgarbi, pero poco después la relación se interrumpió y los amantes dejaron de verse. En enero de 2008, sin embargo, el suizo le hizo llegar un DVD con imágenes de los momentos más atrevidos de sus encuentros de alcoba, junto a las cuales iba una carta donde le pedía 40.000.000 de euros para no divulgar los videos. Como además de rica Susanne es astuta, le dio cita en un centro comercial del Tirol austriaco, pero en lugar de ir personalmente mandó a la policía.
Sgarbi no fue solo a la cárcel. También atraparon a su cómplice italiano Ernani Barretta, un veterano de 63 años que se había encargado de filmar las intimidades de la pareja y era un viejo cliente de la policía de su país por ejercer como curandero y desplumar a cientos de mujeres que lo habían consultado. Entonces el caso de la señora Klatten también recibió una gran cobertura en la prensa italiana, que puede ser temible en materia de chismes. No todos los días aparece una potentada germánica chantajeada por un vividor de alto nivel. Las consecuencias del revuelo serán sufridas mayormente por el pobre señor Klatten (en caso de que esté vivo) y por los hijos del matrimonio, que no protagonizaron el folletín pero son de cualquier forma sus víctimas.
En el futuro, no cabe duda de que Susanne lo pensará dos veces antes de desahogar sus vehemencias otoñales. Por el momento la perturban temas ajenos a la industria automovilística, donde también se barajan unos cuantos millones. El episodio demuestra que cierta gente rica se salva de los riesgos de la crisis financiera internacional, que está arruinando a tantos empresarios, pero no se salva en cambio de otros dramas igualmente costosos.
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