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Concierto. La Sinfónica Tchaikovsky, de Moscú, actuará en el Solís
FERNANDO MANFREDI
A las 19.30 en el Teatro Solís se presenta, dentro del ciclo del Centro Cultural de Música, la Orquesta Sinfónica Tchaikovsky de la radio de Moscú, dirigida por Vladimir Fedoseiev.
Seguramente el año 2008 será recordado como uno de los mejores en materia de espectáculos del Centro Cultural de Música. Por lejos en cantidad y calidad han llegado a los escenarios uruguayos figuras de alto nivel y gran peso específico en el universo de la música culta. Ahora le toca el turno a esta sinfónica que presentará un programa integrado por Sheherazade, de Rimski-Korsakov, y la Sinfonía Nº 5, de Tchaikovsky.
Los melómanos seguramente identifiquen con precisión a la Orquesta Sinfónica de radio Moscú, reconocida a nivel internacional como la más prestigiosa y versátil de las orquestas rusas, cuya fundación data de 1930. Hasta la desaparición de la Unión Soviética, esta era la orquesta oficial de la cadena de radiodifusión. Alexander Orlov fue su primer director y desde 1937 varios otros directores de prestigio contribuyeron sucesivamente a crear su peculiar estilo y personalidad. Así pasaron por su podio Nikolai Glovanov, Alexander Gauk y Gennady Rozhdestvensky (con quien realizara innumerables grabaciones) y finalmente desde 1974, Vladimir Fedoseyev.
A través de los años, destacados compositores, directores invitados, y solistas han colaborado con el desarrollo de la orquesta, como ha sido el caso de Stokowski, Cluytens, Oistrakh, Rostropovich, Tretiakov, o Gidon Kremer, por solo mencionar a algunos de los más notables. Entre los de la generación más reciente, Maxim Vengerov, Vadim Repin y Evgeny Kissin han dado brillo a la orquesta desde los inicios de sus carreras musicales.
Es en 1993 que el Ministerio de Cultura de Rusia, le dio el nombre de Orquesta Sinfónica Tchaikovsky de radio Moscú, lo que en los hechos, fue reconocer el papel de la formación en la difusión del repertorio sinfónico de gran compositor ruso, desde composiciones de cámara, hasta las óperas y cantatas.
Pero la orquesta se ha caracterizado también por estrenar nuevas obras de grandes compositores como Shostakovich, Khachaturian, Prokofiev, o Gliere. También participa tradicionalmente del legendario "Concurso Tchaikovsky" y en el concuso internacional de piano Rachmaninov de Los Angeles. Es una invitada frecuentemente a importantes festivales como el de, Salzburgo, el Menuhin en Gstaad o el de Edinburgo.
OBRAS. Al componer Scheherezade, Rimsky-Korsakov señaló: "Mi único deseo ha sido escribir música que pueda crear la sensación de maravillosos cuentos orientales". La princesa Scheherazade está representada musicalmente por el violín solista que reaparece varias veces durante la obra. Este solo es muy importante dentro del repertorio orquestal y uno de los más conocidos y hermosos escritos para el instrumento. El violín traslada al público hacia la magia de Oriente y al momento en que la princesa Scheherazade relata sus historias al Sultán. A lo largo de los años, el público ha apreciado la imaginativa variedad de atmósferas sonoras llevadas a cabo en la magistral orquestación que dio fama universal a Rimsky-Korsakov y que ubica a esta obra en un lugar privilegiado en las salas de conciertos.
La Sinfonía No.5 en Mi menor op. 64, de Tchaikovsky es comparable por su grandeza con la Del nuevo mundo, de Dvorak. Para algunos críticos la melodía inicial es un llamado del destino al igual que la entrada de la Quinta, de Beethoven. Según otros analistas, la Sinfonía es autobiográfica y en ella el autor habla de la esperanza en la vida en contraste con la sinfonía siguiente, la Patética, que también nos ofrecerán en la temporada.
La Sinfonía No. 5 siempre ha gozado de gran aceptación. Sin embargo, al autor no le gustó el resultado sobre todo al compararla con la Sinfonía No. 4, y después con la Sexta. Especialistas recuerdan que la Quinta de Tchaikovsky, se convirtió en el canto de esperanza durante la Segunda Guerra tocada por igual por ambos bandos, en la batalla de Leningrado: sus notas se difundían por los altavoces para animar a las tropas.
Vladimir Fedoseyev a lo largo de 26 años, convirtió a la Sinfónica en una de las mejores de Rusia y reconocida internacionalmente por su jerarquía, antes de hacerse cargo de la Orquesta Sinfónica de Viena en 1997.
En los últimos años ha trabajado como director invitado de las orquestas más importantes del mundo, como la de la Radio Bávara, Filarmónica de Colonia, Gewandhaus de Leipzig, Filarmónica de Berlín, Tonhalle de Zurich (donde dirige cada temporada) y las principales orquestas de París. Goza de una gran reputación en Japón y desde 1996 es principal director invitado de la Filarmónica de Tokio.
Entre sus últimas producciones se destacaron el Otello de Verdi, Khovanshchina de Mussorgsky y Don Quijote de Jules Massenet. También han sido muy reconocidas por las producciones de Demon de Rubinstein (Festival de Bregenz,1997) y L` amore dei tre de Re de Montemezzi (1998).
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