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Segundo trabajo, sonido pulido, y camino a la contundencia
Si el comienzo de aquel inaugural disco Plinto era toda una declaración de principios -el rock ruidoso y agresivo de Fósil anticipaba un trabajo frontal y visceral-, pasa lo mismo con Cables y circuitos, el tema que abre Homónimo, segundo trabajo de la banda.
La diferencia es que aquí lo que cambia es la identidad sonora del grupo. Quedaron atrás los estallidos de guitarras y los alaridos, y la nueva sensación es la de estar delante de una banda más en sintonía con la actualidad: a veces un rock para bailar en discoteca con precisos guiños, a veces alguna guitarra con aire británico... ahí se entrevé un relativo crecimiento de la base sonora del grupo, que ahora parece "explotar" en momentos y lugares más propicios dentro de las canciones.
La búsqueda, entonces, se afianza con mucho acierto en temas como Radares o la atmosférica Oh no, punto alto del disco en el que irrumpe Max Capote. Por otro lado, una vez repasado todo Homónimo, es complicado encontrar un track que termine de empujar al resto del trabajo; lo que se dice una canción con cuerpo de "hit" que pegue con fuerza.
Ese podría ser el próximo paso para Psimio, que tiene en este segundo disco un interesante paseo sonoro mientras continúa dando pasos acertados en la búsqueda de tonificar la musculatura de su música.
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