Es el momento

HERNAN SORHUET GELOS

Si algo caracteriza a los buenos congresos es lograr la concentración de personas valiosas, en un mismo lugar y al mismo tiempo. Son oportunidades únicas que no deben desperdiciarse, aunque a priori se sepa que nadie podrá abarcar tan excepcional oferta. Las ideas, conceptos y experiencias vertidas en el V Congreso Iberoamericano de Educación Ambiental realizado en Joinville (Brasil) a principios de mes, a nuestro entender confirmaron las expectativas que había generado.

Como comentamos la semana pasada, la educación ambiental es hoy la principal herramienta disponible para promover un cambio civilizatorio. Conduce no hacia el concepto del desarrollo sostenible tan pregonado, sino hacia el de las sociedades sustentables, porque se trata de un concepto mucho más amplio, justo y comprensivo de la realidad.

Entre los múltiples fracasos que hemos cosechado a lo largo del siglo XX está el de la educación. No logró ni siquiera su principal objetivo: hacer pensar; cómo pensar el mundo en el que queremos vivir. Entre la excelente presentaciones que se realizaron queremos detenernos en la de Carlos Razo, docente investigador de la Universidad Autónoma de México.

Afirmó que el sentido de la vida se encuentra en nuestros ideales, creencias, esperanzas, sueños, compromisos, caminos, principios y legados, remarcó la frustración que se vive en la actualidad por el descreimiento y la falta de voluntad de soñar. "Necesitamos pensar el mundo, pensarnos en el mundo y ser el mundo, de nosotros y de los otros; el mundo que era, el mundo que es y el mundo que será." Tan nivel de espiritualidad hace mucho tiempo que es desconocido en nuestros sistemas educativos. ¿Cómo construimos esos sistemas para hacernos pensar?

También en el congreso se dispararon otras luminosas bengalas para hacer visible el camino educativo. Importan mucho más la correcta formulación de las preguntas que las respuestas. Porque de lo que se trata es de construir sociedades sustentables por consenso. Es un acto creativo para el cual resulta imprescindible tanto el conocimiento científico y tecnológico, como los saberes tradicionales y empíricos. En cuanto a la participación y a la acción, rescatamos la idea del optimismo inteligente, planteada por Javier García Gómez de la Universidad de Valencia (España).

Disponemos de muchos diagnósticos que señalan un sinnúmero de graves problemas a solucionar. Las dificultades son tantas que suele ganarnos un derrotismo peligroso. Para contrarrestarlo debemos ser optimistas pero con la suficiente inteligencia como para darnos cuenta de que las cosas no se van a resolver por sí solas, siempre hay que trabajar duro en la búsqueda de las soluciones. La tradición latinoamericana es muy rica en este terreno. La educación ambiental ha encontrado en nuestro continente un verdadero laboratorio de experiencias sociales, culturales, políticas, ambientales y económicas, cuyos resultados nos alientan a seguir con más fuerzas que nunca.

Como afirma Razo, nos conduce hacia una nueva cultura basada en un innovador modo de pensar el mundo, de pensarse en el mundo y ser en el mundo. Este pensamiento se sustenta en la visión sistémica de la realidad, desdibujando las fronteras de las disciplinas y estimulando el hábito de pensar.

El futuro de nuestro planeta está en juego y depende de nosotros mismos.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar