Una consigna

La amplia difusión del escándalo desatado en las barras del Senado, al sancionarse la sedicente ley de "reforma educativa", causó estupor y vergüenza en la sociedad. Se justifica ampliar los comentarios de nuestra edición de ayer.

La ley es un desastre. De los comentarios publicados asiste razón a Gustavo Penadés y al Dr. Sanguinetti, que sintetizan sus carencias y hasta la malignidad de sus designios. El primero le augura corta vida, la define como esencialmente conservadora, denunciando su sanción en plazos brevísimos sólo para cumplir con el programa. El segundo, admitiendo que es difícil conseguir unanimidades de opinión en estos temas, señala que esta ley no tiene apoyo ninguno, crea "una nube de institutos", reduce la coordinación y no insinúa la más mínima preocupación por la calidad de la enseñanza. Lo único que se tiene en cuenta es el reparto de las instancias de poder.

Más grave aún fue el desborde de violencia e intolerancia -dicho así en la cabal acepción del término- que al parecer algunos docentes descontentos, pero especialmente activistas que nada tenían que hacer allí, provocando agresiones con las palabras más soeces a los legisladores, y físicas, entre ellos y a la autoridad.

Hay que oír además, comentarios de senadores que fueron testigos de los hechos, para tener una idea del pandemónium vivido.

La pérdida de valores en la sociedad, es progresiva y alarmante y la caída no tiene piso. Aquí se justifica la inmediata intervención de oficio del Ministerio Público y la Justicia Penal, para sancionar a los que incurrieron en conductas que pueden aparecer tipificadas en el Código Penal.

Entre tanto, quienes se perfilan para integrar el próximo gobierno deben incorporar en su programa una consigna. El mismo 16 de febrero de 2009 hay que presentar un proyecto de ley al Parlamento, disponiendo la derogación de este mamarracho y la vigencia de las normas que quedaron sin efecto, sin perjuicio de introducir las mejoras que se entiendan que correspondan para mejorar lo que importa: la educación, sus contenidos, no las chacras de poder de los docentes.

A prepararlo desde ya.

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