Vacas flacas

Cuando los años de vacas gordas parecen llegar a su fin, son muchos los que recuerdan el consejo que economistas y analistas políticos le repitieron sin cesar al gobierno: prevean y ahorren para cuando vengan los años de vacas flacas. Y llegaron. Por más que se insista en la excepcionalidad de Uruguay, es obvio que la crisis mundial, incluida la más cercana de nuestro vecino, Argentina, terminará por golpearnos de un modo u otro. Así lo demostró con cifras y razones el economista Ernesto Talvi, director de Ceres, en una reciente presentación que sonó como un llamado de alerta para el equipo económico.

Según Talvi, mantener el gasto público en los niveles acordados en la última Rendición de Cuentas puede provocar un deterioro en las cuentas fiscales de entre dos y tres puntos del producto bruto interno, lo que sería un lastre deplorable para el próximo gobierno. Esa rendición, confeccionada en tiempos de bonanza, contenía una suba de 400 millones de dólares sobre lo previsto en el presupuesto. Ahora, a la vista de la debacle de los últimos meses y atendiendo a esas advertencias, el gobierno debería renunciar a ejecutar todo ese gasto y refrenarse en lo posible, ahorrar cuanto pueda y manejar la economía con absoluta prudencia.

Consejos de este género merecen la mayor atención de quienes, en el último cuatrienio, cerraron los ojos y apretaron el acelerador del gasto como si la bonanza durara eternamente. Se les mostró una y otra vez el ejemplo de Chile, país que, como en la fábula de la cigarra y la hormiga, supo atesorar reservas para cuando llegara el invierno. Talvi recordó que mientras Chile gastó 30 dólares de cada 100 de aumento de recaudación, Uruguay gastó alegremente 94, es decir casi todo. En consecuencia, mientras el riesgo país de Chile es de 350 puntos, el nuestro está en 800. Además, en tanto que los bonos globales chilenos cayeron un 9%, los nuestros bajaron un 27%.

Esta comparación de nuestras cifras con las alcanzadas por un gobierno de izquierda de la región, debería mover a reflexión a nuestros gobernantes e instarlos a asumir con seriedad las amenazas de la crisis internacional.

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