JOSÉ MASTANDREA
Conduce un auto importado de varios miles de dólares. Tiene dos Rolex, uno en cada muñeca. Fuma habanos regalados por Fidel Castro y luce orgulloso el rostro del `Che` Guevara tatuado en el hombro derecho. Habla del amor por la familia y sus hijas pero no reconoció a Diego Junior.
Es el mito viviente de los argentinos, un producto auténtico de los porteños, el prototipo de la argentinidad.
Siempre habló pestes de Julio Grondona, el presidente de la AFA desde hace 25 años. Hoy lo abraza y le agradece por haberlo nombrado técnico de la selección.
Cada vez que pudo, le dio con un caño a Carlos Salvador Bilardo. Lo criticó y hasta se peleó con él en el Sevilla. Hoy es su mano derecha.
Dicen los politólogos argentinos que la elección de Diego Armando Maradona como entrenador de la selección albiceleste, hasta pudo haber sido sugerida por el gobierno de Doña Cristina. No sería de extrañarse. Ya nadie habla del conflicto del campo ni del vaciamiento de la AFJP ni de los asambleístas de Gualeguaychú.
Hoy los argentinos están preocupados por los destinos de la selección bajo la batuta de su `Dios` y el casamiento (de blanco) de Florencia de la V, todo un acontecimiento para ellos.