ALEJANDRO NOGUEIRA
La lucha por las candidaturas en el Frente Amplio adopta ya ribetes de comediola. Al menos para la gente común, porque para la oposición es una fiesta y para la coalición, en pecado de hybris, la ruta a la tragedia.
Hay tres mensajes de los tres precandidatos (Vázquez, Astori y Mujica) que dinamizan esta puesta de enredos.
El presidente dice que ya dijo y que no volverá a decir -aunque es de sabios cambiar de opinión- que no quiere ser reelecto. Pero los suyos empujan el movimiento reeleccionista mientras varios ministros, intendentes y jerarcas hacen cola para firmar. Por qué piensa un político que no hay que reiterar determinados mensajes, especialmente cuando las circunstancias van cambiando y se intensifican, es un misterio. Un político, un líder, debiera reiterar, si es preciso, cualquier concepto relevante que quiera transmitir. Si deja de hacerlo y el agua fluye, algo significa. Y si agita el agua, significa más.
Mujica, en tanto, reconoce suelto de cuerpo que si hay crisis el mejor presidente es Astori. Resulta que hay crisis, pero él sigue postulándose. Le asiste la razón: si el Frente volviera a ganar, de primera o de segunda, no quiero imaginarme una conducción nacional en medio de la recesión y la tormenta internacional de un dirigente con tan peculiares y voluntaristas ideas económicas. Y ¿si hay que tomar medidas duras e impopulares…?
Ahora Mujica dice que si la reelección va en serio da un paso al costado. Y admite que va en serio. Por un lado o por otro ya tendría que estar bajándose.
Finalmente, el mensaje más singular de todos es el de Astori: dice que no es precandidato. Entonces ¿qué es? Que su proclamación no esté formalizada no le da derecho a tomar el pelo a la gente, ni siquiera a quienes lo apoyan. Ni habla de dar un paso al costado para que pase Vázquez. Dice que Vázquez ya habló, lo que hace brillar la viveza de Mujica.
Hoy el ex ministro anda bastante apaleado en relación a sus aspiraciones: cree conservar el respaldo de Vázquez (aunque éste también se niega a reiterarlo) y el reconocimiento de su principal contendor de que es un candidato más idóneo para conducir la nave en una crisis. No es poco, aunque esto no se traduzca en votos en el congreso.
Quienes la tienen complicada también son los demás grupos semigrandes (PS, PC, Vertiente), con divisiones internas sobre las candidaturas y empantanados entre su demanda de que Astori y Mujica definan entre ellos y el reclamo de éstos de que son ellos los que deben jugarse. El mayor problema que tienen estos sectores es que si apoyan el dedo en la balanza de Mujica saben que corren el riesgo de que a mediano plazo el MPP los fagocite. Porque Mujica no es solo Mujica, viene con el resto del aparato.
Con la leche próxima a derramarse es probable que alguno de los tres líderes patee el tablero. El camino de la reelección de Vázquez será abortado o potenciado en breve y Mujica no puede demorarse mucho tiempo más en la pendularidad. Astori es quien está sin cartas para esta mano, aunque tiene la improbable jugada de declinar su candidatura a favor de Vázquez o rendirse a la evidencia de su falta de apoyo en la estructura frenteamplista, aceptar ser vice y esperar que la crisis o la biología lo hagan presidente.