Francisco Gallinal
Lejos de nuestra intención está presagiar escenarios de catástrofe o de crisis profunda para el Uruguay, porque ese no es nuestro estilo y porque además sería de muy mal gusto. Nosotros no somos de los que necesitamos que a otros les vaya mal para mejorar nuestras posiciones, y siempre nos hemos marcado como objetivo superarnos y crecer en función de nuestros propios méritos.
Ello no quita que, si avizoramos circunstancias difíciles, si creemos que una tormenta se cierne sobre el Uruguay de los próximos tiempos, no lo advirtamos serenamente, con el propósito de ayudar a amortiguar las consecuencias negativas que pueda arrojar para nuestro país. Más aún, desde ya anunciamos, nuestra disposición a ayudar al gobierno y, por ende al país, sin exigir nada a cambio.
El Poder Ejecutivo sabrá, porque esa es su responsabilidad y porque además ejerce el gobierno sin participación de la oposición en absolutamente ningún ámbito, cuáles son las medidas que hay que tomar, en qué forma se puede prevenir, adónde están las fortalezas y adónde las debilidades del país. Pero lo cierto es que los problemas financieros que vive la economía mundial no nos resultan ajenos, y muy probablemente en el corto plazo -amén de algunas manifestaciones de estos días- vamos a vivir las consecuencias de los mismos.
Más aún, estamos dispuestos a no mirar hacia atrás, a no pasar cuentas de errores de enorme dimensión cometidos por ésta administración en los momentos de prosperidad que se vivieron durante los últimos cuatro años, en aras de facilitarle la tarea y ahorrarle al país costos aún mayores. Lo que se hizo, hecho está, dejemos para la campaña electoral los balances inevitables y, en lo inmediato, avoquémonos a generar soluciones y a prevenir, dentro de lo posible, los efectos negativos.
Claro que para ello es menester que sucedan al menos dos cosas. Una, es que el Poder Ejecutivo se decida a buscar el apoyo de las restantes fuerzas políticas, porque mal podemos ayudar a quien no se deja ayudar. Y la otra, es que el gobierno asuma sus responsabilidades y actúe en función de esas circunstancias.
No es admisible que mientras sucede lo que está sucediendo en el mundo, en nuestro país se produzcan vacíos a nivel de la integración de las principales instituciones de la conducción de la economía nacional a raíz de motivaciones electorales que surgen del propio Frente Amplio. Estaba anunciado, es verdad, el cambio del ministro de Economía y hoy no lo vamos a cuestionar. Pero que simultáneamente se sustituya a todo el equipo económico. Que simultáneamente el Banco Central pierda a su Presidente porque ahora, al filo del plazo, se le ocurre anunciar su retiro para entrar en la competencia electoral, y que además se nieguen votos para las venias de integración del Directorio de esa Institución por diferencias ideológicas, dentro del propio gobierno, nos resulta una locura.
Mientras tanto el gobierno se da el lujo de decir que estamos más fuertes que nunca, que la crisis nos agarra muy bien parados y con importantes reservas. Ojalá así sea; pero la actitud, el clima, la serenidad y la sensatez dependen de la forma en que el gobierno encare al país, envíe señales a la población, y actúe frente a los agentes económicos. Y allí, en lo esencial, ya se está equivocando.