VÍCTOR H. MORALES | VOLVIENDO DE LA CANCHA
El abrazo final de Riquelme y Cáceres en el medio de la cancha era la metáfora perfecta de la tarde feliz de los boquenses. Las victorias trazan un cierto orden a los alborotos del espíritu y Boca dejaba caer un telón de terciopelo sobre las miserias y desencuentros de las últimas semanas.
Los jugadores de River, con su gesto de desconsuelo y los cantos agresivos de las tribunas reprochonas, eran la síntesis perfecta del momento tan extraño que atraviesan los millonarios. Derrotados por 10 hombres de Boca en su propio estadio y últimos en la tabla del torneo, miraban el césped con la perplejidad de los que no encuentran explicacion.
Boca quedó con diez hombres a los seis minutos del segundo tiempo porque a Ibarra lo tomó un viejazo inexplicable rezongando sin razón y airadamente por una jugada cualunque, un saque de costado que había sido bien cobrado. La jornada se inclinaba para el lado de River, se supuso.Una tarde con semejante calor, más viejo Boca que River, partido que se jugaba nada más que corriendo, ¿quién lo habría de ganar si no River? Pero aquella superioridad que se había insinuado en el paupérrimo primer tiempo se hizo más evidente desde la expulsión de Ibarra.
Habrá que ver ahora de qué le sirve a Boca esta victoria que lo deja a ocho puntos de San Lorenzo. A River le queda la Sudamericana, en la que deberá enfrentar a Boca en las semifinales si ambos pasan la proxima serie. Si River no gana algo será uno de los peores en esta etapa de escasa felicidad deportiva e institucional.