En el oficialismo hay terror electoral. Las encuestas, bien leídas, con perspectiva histórica, indican que se fortalece la tendencia a favor de la oposición. Por su parte, la conformación de las candidaturas o de la fórmula presidencial ha tomado ya el rango de una novela con ribetes de culebrón.
Recién instalada la nueva administración, el BPS salió a inspeccionar masivamente a la construcción para comprobar la regularidad de las aportaciones, y se le ocurrió introducirse en lo que hasta ese momento no controlaba. Eran las pequeñas obras que se hacen normalmente en casas de familia, como pueden ser por ejemplo instalar un parrillero, pintar una pared, o cosas por el estilo. Es ese tipo de actividades que pueden estar a cargo de dueños de casa que practican un oficio, contando a veces con la colaboración de algún vecino, o amigo, o un trabajador especializado que dedica tiempo libre a esta suerte de trabajo ocasional -que en la jerga habitual se conoce por "changa"- para ganarse algún dinero.
Es claro que no se puede medir todo con la misma vara, que hay casos de casos y que es necesario saber distinguir, porque una cosa es el trabajo de la familia en casa, con la ayuda de vecinos o amigos y otro es la contratación de servicios de terceros.
El problema fue que las autoridades del BPS, se estrenaron con bríos contenidos, fueron al bulto, y no quedó títere con cabeza.
La fuente recuerda una entrevista radial que se le hizo al mismo Murro con relación a este asunto, en la cual éste puso en evidencia que no estaba para administrar el organismo con la mano del sentido común. "Vamos a pegarle a los grandes como antes no se les pegaba", era el designio. El entusiasmo llegó al punto que en diciembre de 2005, inspectores del BPS multaron nada menos que al Director Nacional de Trabajo, Sr. Julio Baráibar, por haber contratado a un grupo de trabajadores para construir un parrillero en su casa sin proceder a la inscripción de la obra y naturalmente, evadiendo la tributación por aportes a la previsión social.
Por supuesto que esta sanción administrativa estaba plenamente justificada por más jerarca que fuera aquél a quien le cayó el sayo, pero lo cierto es que desde entonces -qué casualidad- los ímpetus del BPS disminuyeron y se resolvió esperar para regular estos casos a la sanción de una ley, cuyo proyecto el Poder Ejecutivo envió al Parlamento en noviembre de 2007 -va a hacer un año- con el rótulo de "aportación provisional para pequeñas obras de construcción".
Al ritmo que marcha la burocracia en el país, recién ahora llega el turno para que el Poder Legislativo le hinque el diente... Pero entonces cundió el pánico. "Poner a consideración ahora un proyecto que fija el pago de aportes para una persona que se hace un parrillerito o pinta una pared, o la puerta de su casa, es agendarnos un problema, y servirle un insumo en bandeja para el amplio menú con el que nos puede pegar la oposición y en este caso con razón".
Son pocas palabras recogidas textualmente de un legislador frenteamplista, que condensan toda una filosofía de gobierno, cuando se monopoliza el poder. A confesión de parte, relevo de prueba. En el gobierno hay plena conciencia de su vulnerabilidad, al punto que se aterrorizan por innovar en un terreno en el cual, si lo transitan con criterio y moderación, podrían beneficiar a quien se lo merece. Las autoridades de la Dirección de Seguridad Social, saben que miles de trabajadores de la construcción viven exclusivamente de este tipo de tareas de corta duración, con lo cual al cabo de una vida de trabajo, en el mejor de los casos tienen registrados ocho, nueve o diez años de actividad y quedan sin acceso a la jubilación.
Justamente este problema hay que atenderlo. Hay que hacerlo, reiteramos, con equilibrio, imponiendo porcentajes de aportación razonables, no como -y esto vale para toda la tributación a la previsión social - un castigo al trabajo, que no hace otra cosa que estimular la aportación total o parcial en negro. Pero el Frente Amplio prefiere dejar las cosas como están, porque sino, corre riesgo a perder votos. Y esto lo tienen que saber toda su militancia y, todos los trabajadores del país.
El que dijo que el miedo no es zonzo, generalizó demasiado. Este es el miedo a gobernar bien, que paraliza para seguir gobernando.
De no creerse.