El síndrome Guianze

En mayo de este año, dos ladrones entraron en la casa de la Dra. Mirtha Guianze, Fiscal en lo Penal y se llevaron dos celulares, uno de los cuales pertenecía a la profesional. En la disparada, uno de los ladrones dejó un par de championes que, en medio del susto por las voces de alarma de los ocupantes de la propiedad, no encontró tiempo ni atinó a rescatar. En la encrucijada, optó por huir descalzo. Se hizo la denuncia policial correspondiente por el hurto, pero la Dra. Guianze decidió igualmente actuar por las suyas. Llamó a su teléfono celular que había sido robado, tuvo la suerte de que uno de los malhechores la atendiera, y arregló una operación de intercambio: los championes perdidos en la corrida por el celular. El canje fue un éxito.

La Dra. Guianze es Fiscal en lo Penal, es presidenta de la Asociación de Magistrados del Ministerio Público y Fiscal y es una de las pocas fiscales a quien se le conoce una decidida militancia política: nada menos -para este caso- que en el Partido que hoy ocupa el gobierno, el Frente Amplio. Estas consideraciones sobre el perfil político de la Dra. Guianze no tienen de ninguna manera el objetivo de afectar su profesionalidad; son simplemente para que el lector desprevenido esté atento a que ella no participa de ninguna "campaña" para desprestigiar la tarea policial a cuyo frente se encuentra la Ministra del Interior, tan propensa a lanzar acusaciones al voleo cuando surge alguna crítica a su gestión.

La semana pasada un ciudadano fue víctima de un asalto a su casa y, entre las cosas que le robaron, se encontraban dos laptop. Así como el celular de Guianze tenía una agenda de teléfonos difícil de reconstruir, en este caso las computadoras deberían guardar información muy valiosa para su propietario. Por ello se decidió a publicar un aviso en El País en el que le dice directamente al ladrón que "estoy dispuesto a pagar más de lo que te pueden pagar en el mercado y de los impuestos me encargo yo", al tiempo que le garantiza "absoluta reserva". No es una oferta de recompensa a los ciudadanos en general por la devolución de algo extraviado (bastante habitual); es un mensaje concreto al ladrón por algo de lo que se apropió.

Si no fuera por el trasfondo de estos hechos, daría para comentarios livianos y hasta en broma: una fiscal negociando con los delincuentes que la robaron y un señor publicando un aviso donde ofrece recompensa a los "cacos", no se ven todos los días en una sociedad civilizada. Porque lo cierto es que estos dos casos, independientes entre sí, están dando un mismo mensaje, que se transforma en alarmante si se piensa que son conocidos sólo porque se han hecho públicos, pero que atrás de ellos encierran un sinfín de negociaciones similares. ¿Cuántas son las víctimas que buscan atenuar los efectos de los robos en lo que a cosas personales se refieren -documentos, tarjetas de crédito, agendas, celulares, etc.-, aunque ello signifique una situación de peligro? Se trata de enfrentarse con un desconocido que, por lo menos, es ladrón y de allí a rapiñero hay un solo paso.

Hay falta de confianza en la policía, en la eficiencia de su trabajo, y la gente opta por la senda del trato directo, de su propia solución, que se acentúa por las enormes dificultades y gastos que genera, solamente, la reconstrucción de la documentación robada. Por más parte policial que se presente con la denuncia del robo, los traslados, las demoras y los pagos que deben hacerse para volver a la categoría de "documentado" son implacables.

Y en esta situación hay miles de ciudadanos. Veamos algunos números. De enero a junio, la Dirección Nacional de Identificación Civil renovó 5.336 cédulas de identidad denunciadas como hurtadas, mientras que en todo el 2007 fueron 10.124. Sobre la recuperación de lo hurtado hay que remontarse a datos del año 2004 (últimos disponibles): sobre un total de 370 millones de pesos reportados, la Policía logró rescatar solo 100 millones. Es decir, 13 millones de dólares quedaron por el camino.

Que son hechos menores, es cierto. Pero lamentablemente ocurren en un contexto de aumento de la nueva violencia delictiva, donde los rapiñeros actúan con inusual ferocidad y el uso de armas de fuego se vuelve cada vez más habitual. Y la gente que busca por las suyas recuperar lo que le robaron, puede negociar con esa gente y el desenlace puede ser de lamentar. Por culpa ¿de quién?

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