Luis Alberto Lacalle
El aún ministro y ya candidato Cr. Danilo Astori, ha descargado su primera andanada político-electoral señalando que si no gana el Frente Amplio las próximas elecciones, se avecinan "tiempos tormentosos". Como no ha de referirse el distinguido compatriota ni a la famosa y bella melodía del mismo nombre, ni se ha de tratar de un pronóstico meteorológico, debemos concluir que se refiere a las consecuencias que acarrearía al país un nuevo gobierno del Partido Nacional.
En boca de un experto en materia económica como el ministro, el pronóstico es grave y debe de tenerse en cuenta. En labios de un posible candidato de todo el Frente Amplio y por ende representante del período que pronto culminará, representa un acto de coraje cívico ya que implica, por contrario sentido, calificar al actual de tiempo de bonanza.
Vamos por partes, pues tanto lo uno como lo otro pueden poner en aprietos al candidato del Presidente. El Contador tuvo una gran virtud en el periodo inicial de esta administración cual fue la de seguir, de continuar las políticas económicas de sus antecesores.
Efectivamente, demostrando un gran cambio en las teorías y planes de la izquierda, decidió que no era tan malo el FMI, que cuidar el gasto era necesario y que alentar las inversiones, privatizaciones y asociaciones contra las que se había batido antaño, era bueno para el país.
Gran mérito cabe al Ministro, pues gran parte de sus correligionarios no tomaron a bien esa voltereta y se lo hicieron saber y se lo cobraron. Y se lo cobraron caro pues a cambio de las referidas posiciones tuvo el Secretario de Estado que tolerar que se interpretara que el derecho a huelga implica e incluye el ocupar los lugares de trabajo, circunstancia que muy bien se ha librado de comentar cuando en el extranjero derrama elogios acerca de las cualidades de nuestra tierra como país de inversión.
Similar costo tuvo que asumir en el tema de las sociedades anónimas que según sea la voluntad del gobierno -discrecionalidad sin antecedentes- pueden o no ser con acciones nominativas o al portador.
Todo iba bien hasta la roca en la que encalló el gobierno y gran parte de la chance de la candidatura del ministro en las elecciones. Nos referimos al IRPF y al jubileo de gasto público iniciado con esta rendición de cuentas. El tan criticado impuesto, ya finado aunque con vida latente hasta el próximo gobierno, nació mal parido pues hasta en el nombre fue engañoso. Todo el mundo sabe que renta es algo muy distinto de ingresos brutos, pero quedaba mejor con ese nombre equivocado. A cuenta de ese título se llevó a los trabajadores y la clase media de nuestro país al mayor y más feroz ataque.
El hacha impositiva cayó sobre los ingresos sin permitir ningún descuento y, por lo tanto, gravando cuotas del Hipotecario, colegios, alquileres. De paso se gravaron con un 10% los alimentos básicos y los propios alquileres, haciendo la vida más difícil, aumentando la distancia entre ingresos y gastos vitales.
En todos los idiomas se le dijo al gobierno que era muy bajo el mínimo no imponible, que iba a ser un drama para los trabajadores y jubilados, pero nada se logró.
Hoy, a más de un año, luego de haber experimentado en cuero ajeno, se reconoce que el experimento social fue un fracaso y el mínimo, en otra burla sangrienta, se fija en $ 12.500 …. Tal como lo han reconocido los economistas de izquierda en un libro que vale la pena leer, "El necesario golpe de timón" publicado por la "Red de economistas de izquierda del Uruguay" -es una verdadera sentencia de muerte para el actual gobierno- es revelador análisis del engaño que ha sido para todos, pero especialmente para los propios votantes de la coalición gobernante.
Lo del gasto público no tiene parangón. Ante todo la terminología ministerial que pretendió disfrazar los hechos. Así lo que se denominó "espacio fiscal" fue el antes conocido superávit y el "rellenarlo", el conocido gasto.
Pero aún en estas circunstancias de bonanza sin antecedentes, el relleno sobrepasó el "espacio" pues llegó el momento -confesado claramente- de ganar votos con liberalidades fiscales y toda aquella antigua prudencia del Ministerio de Economía, quedó por el camino, al grito de cada sector que quería aprovechar esta última -en más de un sentido- oportunidad de conseguir algo. De un "espacio" de 391 millones de dólares previsto y señalado como el límite, se desbordó un "relleno" de 490 millones. ¡Con razón se apuraron a pagarle al FMI de deuda barata, era cuestión de alejar al médico del enfermo!
Ni que decir del lobo inflacionario que esta agazapado en el camino que resta hasta diciembre y que ya muestra los dientes.
Sin olvidar que para los sectores de más bajos ingresos los alimentos han aumentado un 18%.
Por tanto, y volviendo a la profecía del Ministro, si hay tiempos tormentosos sabremos quién sembró los vientos que dieron cosecha de tempestades, tal cual sabemos quienes perdieron y dilapidaron la prosperidad que vivió nuestro país.
Basta atenerse a lo que los propios correligionarios y técnicos describen: "la obra realizada está lejos de lo que el pueblo uruguayo se propuso cuando conquistó el gobierno" (pág. 5 op. Cit.) y "la política social es un fracaso" (pág. 7 íd). Indudablemente la tarea que espera al Partido Nacional no es fácil…