Ministro-candidato y, tarde, senador

El contador Astori ha usado dos sombreros: el de titular de su Cartera y, a la vez, el de posible candidato del Frente Amplio en las elecciones nacionales de 2009.

En todas las instancias posibles, desde su rol de Ministro, se posicionó de la mejor manera guiado por su máximo deseo, que, a todas luces, es el de candidatearse a la Presidencia de la República.

Esto no ha sido bueno para el país, pues Astori privilegió la que creyó una mejor imagen de candidato, en detrimento del fiel cumplimiento de sus obligaciones. Para congraciarse con su electorado, ha cedido a presiones, ante las que no debió claudicar, de haber tenido como único norte la salud económica del Uruguay.

Hay muchos más, pero para ilustrar nuestra afirmación, bastan dos ejemplos: la no suscripción de un Tratado de Libre Comercio con EE.UU., que él mismo siempre vio como muy beneficiosa para Uruguay y el aumento incesante del gasto público, que va a dejar al país con una deuda crecida y creciente y al borde de una crisis económica, de producirse cualquier deterioro en la bonanza de estos años.

Este apartamiento indebido de sus obligaciones republicanas, sería suficiente para que el electorado le diera la espalda y echara por tierra sus aspiraciones presidenciales.

Pero no es ésta la única mácula que queremos destacar de Astori. Oculto tras ese disfraz, que tan bien luce, de docente solvente y ecuánime conductor político, esconde responsabilidades, por lo menos, cómplices con el autoritarismo de este gobierno.

Y hoy podemos decir más: su complicidad se transforma en coautoría de varios de los últimos desmanes arbitrarios de la administración.

¿O acaso, el Ministro de Economía nada tiene que ver con la distribución del gasto público, por la que se priva a la Corte Electoral -en el límite, por lo menos, de lo que permite la Constitución- de los recursos para contar con el personal requerido en los próximos procesos electorales?

Si el Contador Astori no usa todo el peso político y de conducción de la economía que seguramente tiene, en evitar este avasallamiento de las potestades de la Corte Electoral, que mengua gravemente el cumplimiento de sus funciones, será porque está guiado por los mismos designios mezquinos y revanchistas que le dieron origen.

Como nada ha dicho hasta ahora al respecto, mucho nos tememos que estemos en lo cierto al calificarlo como coautor del atropello.

Peor aún, si ello es posible, es el destrato de que es objeto, no ya el Fiscal de Corte sino el Ministerio Público en su conjunto, cuando en la actual Rendición de Cuentas se le quitan facultades, se le cercenan potestades y se afecta, así, el cumplimiento de las importantes acciones que -en toda la historia del Uruguay democrático y liberal- están fincadas en la independencia técnica de su acción jurisdiccional.

¿Se le pasó inadvertido a Astori este horror totalitario que el Ministerio de Educación incluyó en la Rendición de Cuentas? No podemos olvidar al respecto que la proverbial soberbia del Ministro se vio afectada, sin disimulo alguno de su parte, cuando el Fiscal de Corte dictaminó a favor de la inconstitucionalidad del IRPF a los pasivos.

Por ello, creemos estar en lo cierto cuando lo tipificamos como coautor, también, de esta burda revanchita, que afecta a la institucionalidad.

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