JUAN MARTÍN POSADAS
Llevar adelante una gestión de gobierno es un asunto serio; requiere de un programa pero también de la acción mancomunada de un equipo competente, es decir, gestión. Sin embargo se comprueba a diario que, en el seno de la fuerza política que hoy ejerce el gobierno, abundan quienes no tienen de esto -la gestión- ni la más pálida idea. Además lo exhiben con candorosa brutalidad.
La ley de seguro obligatorio para autos y motos -iniciativa de este gobierno- ha quedado en suspenso: dicho en criollo, ha sido trancada. El Intendente frenteamplista de Florida, el Sr. Giachetto, explica por qué. "Vamos a hablar claro -dice- los tiempos que se avecinan son tiempos políticos y determinarán que la fiscalización no se hará con la premura de un comienzo de gestión" (El País, 18 de agosto). No sé qué entiende este señor por premura pero lo que se entiende clarito es el mensaje: no vamos a aplicar la ley porque su fiscalización nos haría impopulares. Las leyes, según este dirigente, no están para beneficio de la gente o para mejor gestión del gobierno sino en función de la popularidad que otorguen al gobernante o a su partido. ¡Brutal!
La asociación de AFE con privados está contenida en un decreto del Ejecutivo de febrero de este año. Sin embargo el Presidente del Directorio de AFE, el señor León Lev, acaba de declarar que no se va a cumplir porque "en este momento no hay condiciones para concretar ese proyecto". (El Observador, 13 de agosto). Este momento, por supuesto, es lo que el Intendente de Florida llamó el tiempo político. El gremio de AFE y buena parte del Frente están en contra de esa asociación con privados y Lev no quiere enfrentamientos que pongan en riesgo popularidad y votos. Agrega este dirigente: "un debate en este sentido enlentecería la transformación que AFE necesita hoy". La transformación de AFE no está enlentecida: está detenida, está en cero, no existe; con estos frenos ellos no la permiten. ¡Brutal!
Algún lector benévolo podrá objetar que todo el Frente Amplio no es así, que se trata de dos ejemplos aislados, protagonizados por dirigentes de segunda fila con poca trascendencia. ¡Señor! Es gracias a este dirigente de segunda que seguimos sin tener ferrocarriles y se siguen destruyendo las carreteras. ¿Le parece poco? Y es gracias a esa mentalidad que se sustenta la corruptela de que los decretos, las leyes y los actos de gobierno no son para mejorar el país sino para la popularidad de los jerarcas y de su partido político.
Esa forma adulterada de concebir las conductas públicas no es marginal en el Frente Amplio ni toca sólo a lo periférico. Que lo diga el propio Dr. Vázquez, a quien le frustraron desde el TLC con Estados Unidos el mismo día que lo anunció como oportunidad única, hasta su iniciativa de celebrar el 19 de junio como fecha de la reconciliación nacional.
Una porción importante de la izquierda nacional habita aún en su propio pasado, aquel tiempo de oponerse a todo y pasarse la vida discutiendo perfiles y produciendo declaraciones sin otras propuestas más que generalidades. Ahora no saben enfrentar decisiones de gobierno, tienen que postergar para el próximo y, mientras tanto, aplican el ingenio, como antes, a redactar declaraciones, sea contra el imperialismo y los neoliberales, sea en apoyo de Chávez o de solidaridad con el pederasta de Nicaragua.
Los uruguayos que votaron al Frente Amplio lo hicieron con una esperanza. Nunca tuve claro qué esperaban exactamente. Me pregunto: ¿siguen esperando?