Tercerizaciones y el agro

RICARDO REILLY SALAVARRI

Quizás sea una simplificación pero no es errado afirmar que los dos soportes históricos que materialmente consolidaron nuestro estado nacional fueron el puerto natural de Montevideo -concebido originalmente por los españoles como plaza fortificada para frenar los zarpazos de Portugal- y la ganadería ingresada al principio por Hernandarias. En alguna medida estas realidades siguieron caminos reiteradamente confrontados.

El puerto de Montevideo fue centro de negocios, particularmente con el exterior y centro cultural, siendo hasta la fecha sede principal de la Universidad de la República.

El agro por su parte ha desarrollado varias modalidades de producción y entre ellas la ganadería ha sido buque insignia, habiendo tenido un espectacular desarrollo sobre la base de una renovación tecnológica constante. Y, por la producción primaria y por las agro-industrias el sector mantiene una proyección prevalente en la generación de riqueza nacional.

Siendo ciudadanos, la visión urbana de lo rural nos ha llamado la atención. Normalmente en vez de aplaudirse la tangible realidad, es una actividad que sólo ha recibido críticas, sus empresas y productores están secularmente cuestionados por la visión portuaria y personalidades que en otro país tendrían páginas en la enseñanza nacional y merecidas estatuas, han sido ignoradas y desconsideradas pese a su contribución al bien común.

Hoy aludiremos a experiencias cercanas que aconsejan a los productores tomar conciencia de la situación del trabajo subordinado en el agro. La cantinela sobre las ocho horas para el trabajador rural, por ejemplo, es propia de la ignorancia del puerto sobre el medio rural y parte de la base de desconocer que especialmente en la ganadería se trabajo con el reloj natural según sea invierno o verano.

Hasta hace poco en el campo se ha respetado la palabra empeñada y hay muchas actividades, tales como las de taladores de montes, comparsas de esquiladores, tractoristas, domadores, azuderos, obras de albañilería y otras más, que se contratan de manera habitualmente informal con arreglos económicos en confianza entre empresarios rurales y normalmente pequeñas empresas del Interior.

En la actualidad la regulación legal de las tercerizaciones de quehaceres que el gobierno nacional ha promovido, significan para el productor rural graves riesgos, ya que notoriamente no está en condiciones de contralor la afiliación al BPS, al Banco de Seguros y la regularidad de los pagos de adeudos laborales, que son de cargo de estas pequeñas empresas. Por lo mismo es candidato a ser demandado por las deudas por beneficios laborales de estas empresas, por la ocurrencia de accidentes laborales de quienes no son sus empleados y por inspecciones multas y sanciones del BPS, ya que el productor rural ha pasado a ser solidariamente responsables de las deudas que las mencionadas empresas a las que contrata pudiesen incurrir en estas áreas.

Ante casos concretos que hemos visto y como solución el único camino es no contratar más a estas pequeñas y medianas empresas y dar entrada y salida a la gente que el productor precisa para el desarrollo de tareas que le eran ajenas.

Esto significa complicaciones, burocracia, desorganización de la producción, etc. Y también desempleo porque habrán empresas de servicios que quedarán sin actividad. Es lo que hay, propio de quienes hablan a lo gaucho y son más urbanos que un estadio.

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